En su acepción más frecuente, el “Sur” suele ser una mera dimensión geográfica, una referencia cardinal, un espacio vastísimo del planisferio donde, desde los tiempos del antiguo astrolabio hasta el novel GPS, de cara al cielo es posible localizar y definir una determinada posición terrestre en el concierto sideral.

Para algunos, en cambio, la línea divisoria entre el Sur y el Norte marca una frontera socioeconómica y geopolítica con muy distintas realidades de vida. Es lo que quizás llevó a un poeta como Mario Debenedetti a proclamar a través de los versos cantados por Serrat que, “con su esperanza dura… con su fe veterana … El Sur también existe”. Bajo esta mirada, el “Sur” es un erial postergado, de gente que “se desmuere y se desvive”; la región, en suma, del olvido y la marginalidad.

Compartir o no este concepto es algo que atañe al terreno de las convicciones personales. En cualquier caso, fuera de toda connotación social, política o ideológica, cabe asimismo preguntarse: ¿hasta qué punto en la Argentina y en el mundo se reconoce hoy la existencia de un “Sur” cultural, con voz e identidad propias? ¿Cuáles son las posibilidades auténticas de que el arte austral obtenga alguna repercusión o reconocimiento en otras latitudes?

Desde esta perspectiva, creemos que todavía quedan grandes deudas por saldar. Las voces sureñas no siempre son conocidas ni escuchadas. Este convencimiento es el que hoy nos mueve a abrir un espacio para proyectar nuestro aporte y nuestro mensaje a través de Literasur. Desde aquí, desde la siempre lejana Patagonia.

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