«EL CERTIFICADO»


de DONALD BORSELLA*


-¿Aquí es la oficina de Perforación donde piden obreros?

-Sí, amigo.

-Venía para anotarme. ¿Podrán?

-Qué especialidad tiene? ¿Sabe leer? Entiende algo…?

– Sí señor. Leer y escribir bien.

-¿…algo de soldadura eléctrica? ¿Y de mecánica?

-Eso sí que…

-¿Nombre y apellido?

-Lefinir me llamo. Rudecindo Lefinir, señor. Fui hasta tercero pero aprendí bastante. Y tengo una linda letra. En la escuela de los Radales; maestro, don Julio Monsálvez. Todos los Lefinir aprendimos con el maestro Monsálvez. Era cuando los Lefinir tenían algo, dos mil ovejas casi y veranada en las lengas arriba, con vacas gordas. Sabía correr la plata como agua hasta que llegaron los Morenos, señor.

-¿Qué edad tiene?

-Clase veintidós, treinta y cuatro pasados, señor. ¿Pero podrán tomarme igual o será mucho treinta y cuatro? Porque, señor, yo salí de Los Radales después que volví de la Marina donde me hicieron hacer tres años y ahora es mucho tiempo, a lo mejor.

-¿Documentos? ¿Certificado de Buena Conducta?

-¿Certificado de…? Documentos tengo, señor, cédula y libreta. Pero Certificado, todavía… Porque, ¿sabe? Después que volví de la Marina pasó eso. Desde un principio llegaron tapando con plata. Claro, no voy a decir, eran trabajadores. Y a nosotros nos quedaban pocos animales y el finado mi padre seguía chupando fiero y mis hermanos no cuidaban pero los Morenos, señor, todos lo saben en la cordillera. Injusticia. Tenían como nueve leguas ¿y para qué más querían otra quebrada y con puro monte? No voy a decir, ellos hacían adelantos pero más que nada se pusieron en contra por el finado Eliodoro Moreno de la misma edad mía, fuimos juntos a la escuela. Si estuviera aquí don Julio Monsálvez él no me dejaría mentir, señor. Le ganaba siempre en los problemas y en la lectura, por eso me sabían acuadrillar a la salida. Y cuando volví de la Marina pasó eso. Nos quedaba poco y nada y los Morenos nos ofertaban otro campito con más animales para ayudarnos porque gauchos eran, con tal que les dejáramos la veranada, que ni título teníamos nosotros. No voy a decir, a lo mejor nos hubiera convenido. ¡Sí, claro que hubiera convenido! ¡Pero Eliodoro, señor! En donde me cruzaba me sabía reparar feo y en una jugada donde el vasco Echepare fue. Se me vino crudo señor y si no lo aseguro no sé. Defensa propia, créalo. Después, once años y algo hasta hace una semana, que salí. Por eso que no tengo Certificado, bajo caución no lo dan ligero. Pero yo me porté bien, señor, me rebajaron bastante porque la cosa era a veinte. Y estuve en Esquel y en Rawson y en Viedma. Por mi buen comportamiento me cambiaban y adonde iba trabajaba. Ahora le hago un poco a todo, carpintería, cortar ladrillos y de granjero. Me largaban solo a cuidar la quinta y los sebones. ¡Viera qué chanchos gordos! ¡Si el doctor que me favoreció sabía felicitarme cuando iba de visita! Pero… ¿así que…? ¿Así que sin Certificado de Buena Conducta no hay caso?

Entonces… ¿Por qué no me presta aunque sea unos cincuenta pesos?

* Escritor chubutense.

«Las Torres Altas» – Ed. Galerna – Bs. As., 1978.

SI LO DESEA, PUEDE VOTAR ESTE ARTÍCULO PARA EL RANKING DE BITACORAS.COM