ZACARIAS HERRERO, POETA MARAGATO

Por Jorge E. VIVES*

En su “Ensayo de historia literaria patagónica”, Leonor María Piñero menciona entre los primeros escritores patagónicos a don Zacarías Herrero. Este poeta nació el 6 de noviembre de 1845 en Carmen de Patagones. Tenía el honor de ser hijo de uno de los pobladores que combatieron en la heroica acción del Cerro de la Caballada del 7 de marzo de 1827.

Autodidacta y de modales sencillos, necesitaba, según él mismo decía, la más absoluta calma para escribir sus composiciones de estilo gauchesco, que luego hacía pasar en limpio para corregir los errores de ortografía. Generalmente sus poemas se referían a temas de la realidad local, nacional e incluso mundial, para lo cual solía mantenerse informado por medio de la prensa. Tenía por costumbre poner en verso su correspondencia. De allí podemos extraer algunos ejemplos de su poesía, como estos fragmentos de la carta de agradecimiento dirigida a Francisco Pita, Mario Matteuci y Juan Julián Lastra, tres vecinos de su ciudad que lo homenajearon al cumplir sus ochenta años:

“Porque como no he estudiado / Creo no ser competente

Como los hombres aquellos / Que cultivaron su mente.

Porque al mundo nací pobre / Y soy, desgraciadamente

Por esos es que en ocasiones / Cuando me pongo a pensar

Rimo al alcance que tengo / De un don sobrenatural”

En su libro “Remembranzas”, del cual obtuvimos mucha información sobre el poeta, el citado Francisco Pita lo describe así: “Don Zacarías Herrero … es patriota ferviente, es cristiano católico pero no fanático, está al corriente de toda cuestión de actualidad y de ella toma los temas para sus versadas”. Zacarías se llamaba a si mismo “el gaucho patagonés”, como lo hace en estas líneas con las que firma una felicitación por casamiento que envió a uno de sus conocidos:

“Zacarías Herrero,/ Gaucho Patagonés,

Gaucho… pero no ladrón / De los que persigue el juez.”

De los datos que por otro lado nos proporciona Emma Nozzi podemos sacar más detalles de su vida. Por ejemplo, que mantuvo correspondencia –en rima– con algunos conocidos payadores de la época; como el famoso Gabino Ezeiza, quien luego fue a visitarlo personalmente a su pago sureño. Su biógrafa no recuerda también unos versos que dirigió desde un palco, luego de pedir cortésmente permiso al público reunido, con motivo de unas romerías españolas :

“Les ofrezco el corazón / El que gobierna mi vida.

Sólo el alma no les doy / Porque esta prenda no es mía.

Yo creo que más no puede / Ofrecerles Zacarías.”

En los últimos años de su vida se mantuvo con lo que obtenía por el reparto de sus poemas impresos. Murió con casi ochenta y un años a cuestas; poco después de escribir su despedida:

“Se despide agradecido / De Viedma y Patagones

Este viejo sin revés / Confiando en sus corazones.”

Mentar a este poeta nos recuerda su Carmen de Patagones natal, la bella e histórica ciudad fundada en 1779 por Don Francisco de Viedma y Narváez en la margen norte del río Negro. Pletórica de tradiciones, es digna de ser reflejada en la literatura, tanto en la poesía como en la narrativa. Y merece, indudablemente, un artículo aparte en estas páginas.

NOTA: El autor agradece a la Sra Rosa Libertad Spampinato, presidenta de la Asociación de Amigos del Museo Histórico Reginal “Emma Nozzi” su valiosa colaboración para la redacción de este artículo.

*Escritor chubutense.

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