LAS UVAS DE LA IRA
de John Steinbeck

Por Olga Starzak*

John Steinbeck no disimuló el dolor que le provocaba, en su California natal, el advenimiento del industrialismo y su manifiesta exclusión a los hombres del campo. En su juventud fue testigo de la frustración, la impotencia y el descreimiento que atravesó a los labriegos de su país y muchos otros de América; objetos todos de la crisis económica de 1930. Él mismo fue un campesino que sufrió las privaciones que después describiría para sus personajes.
En «Las uvas de ira», tal como un reflejo de esa sociedad marginada, narra con realismo y patética crudeza la historia de cientos de familias que, representadas por los Joad, los Graves, los Wilson o los Wainwright, son protagonistas de la miseria más absurda por la que pueden atravesar los hombres: el hambre…, producto de la pobreza, de la posibilidad de un trabajo que –aunque indigno- les permita llevarse a la boca un pedazo de pan, o lo que es mucho más, saciar con migajas el hambre de sus hijos. Por esta razón, quizás, toda la obra de Steinbeck haya sido popular, por esta facultad de entrelazar hasta el dolor, el drama y los cautivantes escenarios del campo, con sus aromas, sus colores… con el frío que hiere en invierno o el calor que agobia en verano. Desde las imágenes nutridas por la pasión de hombres y mujeres que, incansables y dignamente, buscaron ser protagonistas de su historia, una historia de guerra que heredaron, pero que no estuvieron dispuestos a repetir.
Una obra polémica aunque actual, transgresora y de lenguaje directo. Sin paradojas, con solvencia literaria y valores dignos de resaltar. No en vano John Steinbeck obtuvo el Premio Pulitzer en 1940 y dos décadas después el Nobel de Literatura. Fue en ese momento cuando el autor expresó “El escritor está a cargo de declarar y celebrar la capacidad comprobada del hombre para la bondad de corazón y de espíritu –para la gallardía en la derrota- para el valor, la comprensión y el amor. En la guerra incesante contra la debilidad y la desesperación, estas son las banderas brillantes que alientan la esperanza y a la emulación”.

Es eso «Las uvas de la ira»: la bronca pero también el inagotable grito de esperanza, la caída que sacude y derrumba, y el afán de levantarse con renovada ilusión. Es el campo que se vieron obligados a abandonar, un camión como la única posibilidad de huir, el cruce de rutas y rutas que, con destino incierto, alentaba cada vez nuevas expectativas de sobrevivir. El padecimiento de no pertenecer a nadie ni a nada.
Miembros de una familia unidos por la desesperación, el desasosiego y la necesidad. La fuerza por mantenerse unidos y no corromperse, la imposibilidad de llegar todos juntos al final que no conocen.
Desde Oklahoma hasta California –representada ésta por la tierra prometida- La familia Joad y quienes como ellos viven el destierro, descubrirán una realidad que los llevará a convivir en condiciones infrahumanas.
La soberbia, el poder, la dominancia económica y la discriminación como contrapartida de una lucha sin resistencia. El avasallamiento a la dignidad , la tragedia de las pérdidas, el dolor físico y el dolor del alma.
Todo y en un todo es relatado por Steinbeck en «Las uvas de la ira».

*Escritora chubutense.

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