EDI DORIAN JONES nos dejó el 12 de mayo pasado. Era un queridísimo amigo. Además de las recopilaciones fotográficas, de sus valiosas investigaciones, de las publicaciones y las exposiciones que testimonian su permanente inquietud por rescatar las imágenes del pasado, nos quedan los gratos recuerdos de largas conversaciones en las que siempre mostraba gran sensibilidad y una fina percepción artística.

El 16 de enero de 2008 fue nuestro último encuentro. Superando las fatigas de su dolencia, Edi aceptó mantener esta charla que, dada su extensión, transcribiremos a lo largo de tres notas durante el curso de esta semana. Nada mejor que sus propias palabras para conocer detalles acerca de su tarea profesional, de los proyectos que quedaron truncos y sobre todo, de su notable entereza espiritual. Es nuestro pequeño homenaje a su memoria.

C.D.F.

PRIMERA PARTE

“Primeros contactos con la fotografía”

P: Edi, ¿dónde y en qué año naciste?

EJ: Nací en Trelew, en abril de 1952.

P: Y tus vínculos con el valle siempre fueron muy estrechos…

EJ: Sí. Cuando nació mi hermana Mirna nosotros estábamos en la Estación del ACA en Garayalde, y entonces yo fui a Gaiman para poder concurrir a la escuela. Ahí se amplió mi espectro geográfico y empezaron a ser más fuertes mis vínculos; con Gaiman, primero, antes que con Trelew.

P: Además, en tu casa se hablaba el idioma galés, ¿no?

EJ: Sí, sí. Y yo lo aprendí también, por supuesto, desde chico. Y cuando te hablaban en galés tenías que responder en el mismo idioma. Esa era una regla en la casa.

P: ¿Y cuál fue el primer contacto que tuviste con la fotografía?

EJ: En la familia Jones Glan Camwy había una gran colección de fotografías antiguas. A mí me gustaba mucho mirarlas y Mam también sacaba fotos con la camarita de cajón. Me parece que ahí empezó mi gran afinidad con la fotografía. Años después trabajé de fotógrafo en el diario “El Chubut”, pero aún trabajando allí, hasta mucho tiempo después no supe que mi abuelo por parte materna también había sido fotógrafo.

P: Y en un momento determinado, decidís pasar de la contemplación a la acción. ¿Cuándo te sucedió eso?

EJ: Eso fue un poco obligado, porque cuando terminé el colegio secundario mi papá me dijo: “bueno, yo no tengo dinero para costearte una carrera universitaria, y como acá no se mantiene vagos, tenés que ir a buscar un trabajo…” Entonces, como en esos días un diario había sacado un aviso pidiendo fotógrafo, yo, con más coraje que conocimientos, me arriesgué a que me tomaran una prueba.

P: ¿Tenías tu propia cámara?

EJ: No, no tenía nada. Lo único que tenía era mucho conocimiento teórico por haber tenido en disponibilidad una gran biblioteca entre la de los Rowlands y la de los Jones. Entre esos libros se hallaba un manual “Ilford” de fotografía editado en 1911, que había sido de mi abuelo, y con esa obra yo empecé a aprender.

P: Y así empezaste a trabajar como fotógrafo en “El Chubut…”

Ej: Sí, cuando tenía 19 años, en 1971. Eso no duró mucho tiempo, mas o menos un año. Un día fui a Agua y Energía a ver al ingeniero Vives y le dije: “yo quisiera trabajar aquí con usted”. Y ahí empecé mi aprendizaje de Hidrología con él. Fue toda una enseñanza la que recibí de Vives: no repetí un mismo trabajo de Hidrología en cinco años.

P: ¿Y en qué consistía ese trabajo?

EJ: En hacer relevamientos del río, de los canales, análisis de lluvias, de caudales, pronósticos para el Dique Ameghino…

P: ¿Se trabajaba con cartografía?

EJ: Sí, con cartografía y también se usaba algo de fotografía…

P: ¿Fotografía aérea?

EJ: También, sí, aunque no era ni de cerca la que conocemos hoy día a través de Google u otros medios, pero servía para buscar el recorrido de los ríos, las cuencas…

P: ¿Y en qué momento empezás a pensar en la fotografía como medio de rescate histórico?

EJ: Muchas veces yo digo que uno hace cosas sin saber muy bien por qué; y a veces hasta pienso que es la profesión la que lo elige a uno y no al revés. Los caminos de la vida son misteriosos, y muy largos, muy tortuosos. Cuando empecé a fotografiar incluso me costaba mostrar mis fotos de autor; no las mostraba. Y si bien empecé a fotografiar en 1971, no comencé a trabajar con fotografía antigua hasta 1984.

P: Entre el ’71 y el ’84, ¿cómo fue ese proceso hacia la fotografía histórica?

EJ: En un concurso que organizó el Museo “Pueblo de Luis” me pidieron que actuara de jurado y que a la vez sacara reproducciones de todas las fotografías que se habían presentado, para guardarlas como documentos. Y en ese momento, a través de la cámara, yo empecé a mirar las fotografías antiguas más de cerca, y de modo aislado y a darme cuenta de lo que había ahí. Entonces percibí cuánta información había en esas imágenes que mucha gente miraba rápidamente. Y yo encontraba mucho más ahí: veía mucho más…

P: Se aprende a mirar en detalle, ¿no?

EJ: Sí, exactamente. Uno empieza a mirar vestidos, a reconocer rostros de personas… No te digo que soy tan diestro en esto como Tegai (Roberts). Ella mira una fotografía y tiene la habilidad de decirte: “Ah, me parece que esto pertenece a la familia de Fulano de Tal”, y efectivamente es así, ¿no? Yo no llego a eso, pero con el tiempo he aprendido mucho. Además, ella es mayor que yo y tuvo ocasión de conocer a mucha gente que ya no está.

(Continuará)

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