MITOS

Por Jorge E. VIVES*

La mitología de la Patagonia es exuberante. Desde Pigafetta en adelante los exploradores y viajeros que visitaron la región registraron las imaginativas leyendas aborígenes, mantenidas vivas por la tradición oral. A los mitos originales se fueron agregando otros, producto de la fusión de las creencias de los colonizadores con el acervo folklórico local. Con el tiempo la tarea de registro se fue haciendo más sistemática y científica, hasta finalmente quedar en manos de los especialistas: arqueólogos, etnólogos, antropólogos.

Una labor muy importante fue la realizada por el investigador neuquino Gregorio Álvarez quien en su libro “El tronco de oro”, al igual que hizo George Frazer en el texto de nombre parecido, registra en detalle aspectos del folklore de su provincia. En este documento de gran valor cultural cita, entre muchos mitos, una extensa lista de “duendes” y monstruos tales como la “encimera”, el “chilludo” y el “pilucho”. Otro de los seres fantásticos mencionados es el “cuero”, y su variante más aterradora, el “cuero uñudo”; una leyenda presente en toda cordillera patagónica.

Por su parte el escritor y estudioso santacruceño Mario Echeverría Baleta realizó una tarea similar con la mitología tsoneka; reuniendo el fruto de su trabajo en varios libros: “Joiuen Tsoneka (Leyendas tehuelches)” y “Cuentan los chonkes” son algunos de sus títulos. En la cosmogonía de este pueblo se destacan las figuras de Kóoch, creador del universo y la vida y Elal, el héroe civilizador. También aparece el “Gualicho”, espíritu dañino similar a los mencionados por Álvarez en su obra.

Esta mitología, constituida en base a los mitos cosmogónicos, supersticiones, creencias populares y leyendas producto de la simbiosis de elementos locales con el agregado de tradiciones culturales de diversos lugares del mundo (como la referida a la Ciudad de los Césares o a los monstruos “tipo plesiosaurio”), no solamente se reflejó en las recopilaciones de los especialistas, sino también en la narrativa de ficción.

Tiempo atrás se señaló en esta página que la figura del dios patagón Settebos, a través de la pluma de Pigafetta, fue tomada para sus obras literarias primero por Shakespeare y luego por Browning. Desde ese primer antecedente muchas otras menciones a monstruos y mitos patagónicos han quedado registradas en la narrativa. Un ejemplo reciente de la presencia de la mitología como fuente inspiradora es la novela “El Lago” de la escritora rionegrina Paola Kaufmann, que obtuvo el premio Planeta 2005.

El tema de la obra ronda en torno a la criatura misteriosa que Martín Sheffield dijo haber visto en una laguna próxima a Epuyén; aunque a partir de ese punto inicial se desarrolla una novela de trama compleja e intimista. El argumento del plesiosaurio es tomado también por Jorge Honik, escritor de El Bolsón, en “Gondwana”; una historia mencionada con anterioridad en este blog.

Por su parte Elías Chucair, referente obligado de todo escritor patagónico, dedica un cuento a otro mito. “El trauco chico”, así se llama el relato, trata sobre el “trauco”, un duende de la mitología del sur de Chile emparentado con los estudiados por Gregorio Álvarez. Esta temática no es ajena a don Elías, que en muchas de sus obras hacer referencia a las creencias y supersticiones del sur.

Una cita un tanto curiosa es motivada por la introducción de una leyenda patagónica en la novela “Magia Blanca”, de Eduardo Gudiño Kieffer. Si bien fuera de la región, ya que el argumento se desarrolla en Las Leñas, Mendoza; uno de los ejes de la obra es la búsqueda por parte de uno de sus personajes de la mítica Ciudad de los Césares, también llamada Trapalanda; a la que en 1936 el escritor chileno Manuel Rojas dedicara una novela.

Los ejemplos citados en este artículo son pocos a fin de evitar extenderlo demasiado; pero la presencia de contenidos mitológicos en las letras patagónicas es abundante. Sin embargo, a pesar su profuso empleo, estos mitos pueden seguir siendo una fuente de inspiración para los escritores regionales. En la literatura universal existen muchas obras maestras que se apoyan en las creencias y leyendas tradicionales. La riqueza de nuestra mitología sureña la hace, sin duda, terreno feraz para la creación literaria.

*Escritor y poeta chubutense.

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