Entrevista a:
Coca Rodríguez

Actriz
Trelew

– Segunda parte –

27 de Marzo – DÍA MUNDIAL DEL TEATRO

Por Olga Starzak

Hay en las palabras de Coca un agradecimiento que va más allá de las palabras. Una gratitud hacia esos hombres de la comunicación que entendían el arte como parte relevante de su pueblo.
En cada relato que nos hace, hay un todo entre el grupo al que ella pertenecía desde el teatro infantil, y “El Grillo” que representaba obras para adultos. Recuerda en él, además de los nombres de Myrtha García Moreno, Pocho Gutiérrez, Beltrán y Encarnación Mulhall, Horacio Guratti… a Olga Radice, Cora Garate, Beba Fredes, Alba Fredes, Emilse Pereyra, César Rago…

Y vos, Coca, ¿qué participación tenías allí, siendo tan jovencita cuando ese grupo nace y se consolida?

Traspunte, dice. Yo era transpunte en el teatro “El Grillo”. Porque yo tenía que estar donde se prendieran las luces, y hubiera alguien que se movía en un escenario. Ambos grupos colaboraban con el otro, no había competencias… ¡ni se nos ocurría competir! En las funciones de “La Rayuela” estaban ellos para ver que podíamos necesitar, y nosotros igual para con ellos.

¿Sos consciente de que ustedes, tanto los actores de “La Rayuela” como de “El Grillo”, marcaron en Trelew una época, cultural, social y artística que no volvió a repetirse?

No sé, no es tan así. La gente cambia, las condiciones cambian, los pueblos cambian. Creo que la dictadura militar fue como un trapo con nafta que causó como una cosa de agostamiento, de aridez, de tierra seca. De pronto por el miedo, la situación económica… un montón de cosas que se fueron complotando para que desapareciera ese Trelew que teníamos, para que el teatro desaparezca; y después –de a poquito- se fue rehabilitando la actividad, fue reflotando, desde “Metateatro”, desde “El árbol”, fuera del ámbito oficial van surgiendo alternativas muy importantes.
Yo soy integrante de “El árbol” que es una asociación cultural sin fines de lucro. Se sostuvo vendiendo empanadas. Después de unos cuantos años conseguimos del Instituto Nacional del Teatro un subsidio y recién ahora, después de 16 años, nos dieron un subsidio de Provincia. Empezamos de la nada: hay un video que lo demuestra: está Juan Arcuri, flaquito, con barba… abriendo la puerta de un galpón, un galpón que hoy es “El árbol” (cuando iniciamos teníamos que llevar un almohadón y una manta para no morirnos de frío). Hoy tiene a “Ampolla”, su propio elenco, taller para chicos, para adolescentes, para jóvenes, para adultos…


Cuando le pregunto sobre los recuerdos que le surgen de la década del sesenta, de sus compañeros, del teatro independiente, del público que convocaban, abre sus grandes ojos oscuros, y con tanta emoción como convicción, expresa:

Alegría. Éramos tan felices, éramos audaces. El público estaba siempre pendiente de una nueva puesta en escena. Se llenaban todas las funciones, era gente llena de ganas de ver, conocer, participar…

Y detiene su mente allí, en ese recuerdo que la llena, indiscutiblemente, de auténtica alegría.
Le recuerdo “La palangana de Poncio”, ese Café Concert que interpretó junto a Pocho Gutiérrez y que tuvo tanto éxito que aún hoy la gente lo anhela. Me interesa que nos cuente cómo surge, y lo hace así:

Myrtha García Moreno, que dirigía “El Grillo”, un día me dice: “vamos a hacer un café concert; vos y Pocho (Gutiérrez)”. Le dije que sí sin saber de qué se trataría (porque cuando se trataba de actuar yo decía siempre que sí). Trabajamos cuatro meses, cuatro meses de trabajo de mesa. Reunimos poemas, canciones, textos. Nos detuvimos en analizar por qué habíamos hecho esa elección, dónde estaba el hilo conductor; y resultó un espectáculo con un humor desopilante pero textos fuertes.
Tuvimos un éxito increíble y la dejé porque, embarazada de seis meses de mi primer hijo, ya no podía seguir. La gente nos mimaba con ese espectáculo; aplaudía de pie.

Coca actuó en más de 60 obras teatrales, y le pregunto en qué roles se sintió más cómoda, más identificada con su propio perfil…

No me llama un personaje porque se parezca a mí. Muy por el contrario, me atrae literariamente primero, qué le pasa a ese personaje, y cuanto más distante esté de mí más desafío representa.

Creés que el actor tiene que poder interpretar cualquier tipo de rol, o que cada uno nace o se hace para un determinado papel, sea este consecuente de la comedia, el drama, la tragedia o el humor?

Las dos cosas, creo. Como en todo lo artístico hay una vocación, algo te tiene que llamar a hacer eso, a sentir que eso es lo que te va a dar felicidad, pero después – si no tenés ese tesón, esas ganas de saber, de aprender, de estudiar- el talento natural queda ahí, tiene un techito. Eso es lo que tiene de maravilloso el teatro, no se termina nunca de aprender. El actor se hace sobre las tablas, se hace caminando el escenario.
El actor tiene que poder hacer todo, y a cada personaje tiene que amarlo aunque haga de un asesino serial. Eso, en la construcción del personaje, es fundamental, uno inconscientemente juzga al personaje, y ¡no se puede hacer eso! Así es imposible dar lo que ese papel exige.

Quiero saber qué hay de cierto en aquello de lo que tanto se habla: el pánico escénico. Y la invito a que nos cuente cuánto de realidad y cuánto de leyenda hay en eso.

A mí no me ha pasado pero lo he visto. Gente que se bloquea y directamente hay que bajar el telón, y volver a empezar. Yo utilizo aquello de las cuatro paredes de Stanislavsky. Este fue el primer pedagogo teatral que sistematizó toda una teoría sobre el actor y su mundo. Muchos lo han tomado al pie de la letra pero la realidad es que él se murió revisando su método.

Hablando de nuevas teorías, se refiere luego a Eugenio Barba. Nos dice:

Es el pedagogo de la actualidad, quien marca tendencias. A mi modo de ver, agrega, no existe un teatro absolutamente Stanislavskiano o Barbiano. Cada obra, cada personaje tiene su modo de acercamiento, de construirse, sirven cosas de allá, cosas de acá; depende muchísimo del director.

A propósito de los directores: una vida dedicada al teatro te ha llevado a tener un criterio claro respecto de directores y direcciones… ¿qué no le puede falta a una persona para dirigir una obra de teatro? ¿A quién admirás en lo regional, y en lo nacional en este sentido?

¡Pasión! Eso es lo que no les puede faltar…

Cuando le expreso que, a mi parecer, a los directores les gusta asumir una actitud a veces soberbia, a veces agresiva, apunta:

El director es alguien que tiene el mismo amor que los actores por el teatro. Si es déspota o autoritario, solo habla de sus propias inseguridades. Si un director tiene conocimiento y pasión por el teatro acepto que me dirija un actor que no ha tenido experiencia. La pasión es básica. La seguridad que te trasmite es fundamental.
En lo regional admiro a Luis Molina y Gustavo Rodríguez, porque sé lo que aman el teatro. Luis tiene toda su pasión y su corazón dedicado al teatro, y Gustavo es un ser más vulnerable, un artista. El es además buen escritor, fotógrafo, tiene el arte a flor de piel.
En lo nacional admiro a Pompeyo Aurivert. Tiene una mirada diferente, es un artista muy serio que investiga con muchas ganas y –puede gustar o no su teatro- pero es absolutamente respetable. No podemos hablar de teatro vanguardista porque esto implicaría una ruptura, y de hecho, todavía no la hay, pero sí de nuevos modos, de nuevas tendencias.

Ya has dado clases de teatro, has coordinado innumerables talleres, has enseñado u trasmitido toda tu capacidad y experiencia… ¿qué creés que, en este ámbito, te falta por hacer? Y es que hay algo que te falte, claro…

Ahora quiero actuar. Actuar y ¡seguir aprendiendo! Me gustaría hacer el teatro de actores, más intimista, de pocos, y de construir un personaje desde los cimientos y verlos crecer…
Y hacer Café Concert, ¡eso me divierte mucho!

Ese es el sentir de Coca. Alegría en el Hacer. Todo lo hizo así: hasta cuando pasó, de viaje por placer, por Chile, y terminó quedándose en Santiago cuatro meses tentada por una oferta de hacer en televisión, teatro para niños. O cuando, radicada en España, se dio el gusto, también, de hacer teatro para chicos.
Ella dice que el teatro es una pasión.
Y así lo trasmite.

Olga Starzak
Marzo de 2009

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