MAURIZIO FURGADA: UN ESCRITOR VIAJERO «A LO CHATWIN»



Podría decirse sin riesgo de error que Maurizio Furgada (Soresina, Cremona, 1960) pertenece a ese género de viajeros testimoniales inaugurado tempranamente por Marco Polo y que mucho más tarde tuvieron tanta popularidad, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, cuando desde distintos puntos de Europa muchos de ellos salieron a recorrer el mundo con una libreta de notas como principal guarnición, animados por la fuerza y el coraje que les insuflaba su espíritu aventurero. Cierto es que por entonces mucho era lo que había por descubrir en diversos rincones de la Tierra. Hoy, en el siglo XXI, cuando los medios de transporte y los recursos de la tecnología no han dejado prácticamente ningún territorio sin explorar, quizás el único paisaje que todavía puede revelarle nuevos secretos al escritor viajero sea la interioridad del alma humana. Cada región, cada enclave, albergan personas y comunidades con diferentes costumbres, modos de pensar y de conectarse con sus respectivos entornos. Ese fue el principal legado de los viajeros contemporáneos que, como Bruce Chatwin, un día decidieron reemprender la aventura de explorar sitios lejanos y reflejar la idiosincrasia de sus pueblos. Precisamente el viaje de Chatwin por la Patagonia motivó a Maurizio a repetir su itinerario, buscando cotejar qué coincidencias muestra la realidad actual con aquel viaje recorrido del viajero inglés por tierras australes hacia la decáda del 70, es decir, hace poco más de de una treintena de años.
Previo a su viaje de retorno a Italia, nos reunimos con Maurizio en el Touring Club una tarde de abril para mantener esta charla.


Mauricio, cómo tomaste contacto con la obra de Chatwin?

– Bueno, muy simple. Durante el conflicto de Bosnia fui para ayudar la gente que era víctima de la guerra y me di cuenta que allí había mucho por hacer. La gente no tenía zapatos ni prendas y los refugiados estaban famélicos. Empecé a juntarme con amigos de mi ciudad. Yo vivo en Cremona, la ciudad de Stradivari, de la música, y hoy puedo dar cuenta de la solidaridad humanitaria. Un joven de Cremona había perdido la vida mientras traía ayudas en el norte de Bosnia y nosotros habíamos contactado con algunas poblaciones de aquella area. Dejé de trabajar en mi oficina para seguir contribuyendo con esta causa y después de unos años mi proyecto fue galardonado con un premio anual de la Paz, en Milán. Habíamos logrado unir a dos pueblos cuyos habitantes habían combatido a muerte entre sí, uno serbio y el otro musulmán. En Bosnia después del conflicto había salido una nota en un periódico que decía que la mía era la primera escuela interétnica. Bueno, un amigo del grupo «Bosnia» me regaló un libro para felicitarme por lo que había logrado conseguir, Algo considerado imposible por los políticos de las dos provincias bosniacas interesadas en el proyecto. El libro que recibí de regalo era: «En la Patagonia» de Bruce Chatwin. El amigo era un hombre que amaba viajar cómodamente sin moverse de su cuarto. Como el personaje de una novela del 1884 de J. K. Huysmans, un cierto Des Esseintes, amaba los viajes pero odiaba desplazarse físicamente de un lugar a otro: era el viajero de butaca. Para mí era, más simplemente, el hombre que me regalaba libros de viaje.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando leíste el libro?

– El libro de Chatwin permaneció durante años en un estante de mi piso hasta cubrirse de polvo en la tapa. Normalmente yo era el protagonista de mis viajes y no quería dejar a otros el privilegio de indicarme la vía. Incluso el libro de Chatwin empezaba con una historia rara de un pedazo de piel de un animal prehistórico y se demoraba demasiado en los cuartos de su casa de infancia. No me gusta cuando los escritores se detienen tanto en el relato de sus cuartos…

¿Y cómo se te ocurrió la idea de escribir algo vinculado a ese viaje? ¿Con qué propósito?

– Los viajes siempre han sido una parte preponderante de mi vida. Por viajar he dejado cualquier otra carrera posible, siendo la más probable la de derecho, considerando que me recibí en la Universidad de Milán en «Giurisprudenza». Cuando después de diez años terminó el proyecto Bosnia, mi deseo era volver a viajar y escribir alrededor del mundo. Habia viajado a Nueva Zelanda, Australia, Vietnam, Birmania, India, Canadá, Polinesia, China… y al regreso de un viaje extraordinario, lento, a bordo de los tradicionales barcos del río Amazonas, el mismo amigo me comentó: «Bueno, después de un viaje así solo hay otro lugar que puede ser tan extraordinario». Y se referia al hecho que en San Pablo de Loreto yo habia encontrado los personajes que conocieron a Ernesto Guevara de la Serna, luego pasado a la historia como el famoso «Che» Guevara… «¿A qué otro lugar te refieres?», le pregunté al amigo que me regalaba libros de viaje. «Por supuesto a la Patagonia! Y no te olvides que espero leas algo sobre la ruta Chatwin», me contestó.

¿En qué momento tomaste la decisión de viajar a la Patagonia?



– El «corralito» indica un momento importante en la historia del viaje a la Patagonia. Antes de aquel momento muy pocos consideraban la Patagonia como meta de su viaje. Además, con el estilo de vida que tenía yo en aquellos tiempos, la Patagonia estaba económicamente fuera de mis posibilidades. Viajaba a Australia, adonde podía trabajar y ganar dinero para continuar mi viaje y, como alternativa, a países poco costosos como Ecuador, Bolivia… o, en el otro continente, a India y todo el sureste asiático. El «corralito» es paradójicamente el hecho que me permite viajar en la Patagonia. ¿Por qué digo paradójicamente? Está claro. Después del «corralito», con la devaluación de la moneda, la Patagonia ha sido inundada de turistas, incluso aquellos que en mucho sentidos hoy han perdido su vocación por los viajes.

Cuando llegaste aquí por primera vez, ¿coincidió lo que viste -la gente, los paisajes- con la descripción de Chatwin? ¿Sentiste alguna decepción?



– La primera decepción que sentí en realidad fue cuando en Retiro ví a todos los colectivos directos a la Patagonia llenos hasta el imposible, sin que pudiera encontrar un sitio para mí hasta muy tarde en la noche. Entonces comprendí que poder viajar por la Patagonia en un estilo que podía agradarme (es decir, fuera de los circuitos turísticos) iba a ser complicado. Sin embargo, cuando por primera vez entré en contacto con un lugar por donde Chatwin había pasado e incluso se había asentado durante una semana, en la estancia Viamonte, en Tierra del Fuego «…demasiado entumecido para moverme», según comenta el inglés en el libro, el espíritu de viaje volvió a latir dentro de mí y allí comprendí que no había mejor manera de viajar que seguir los pasos de Chatwin.



¿Lograste identificar a algunos personajes referidos en el libro? Cuéntanos algunas experiencias al respecto.

-Muchos. En realidad, a todos los que siguen con vida. Hay que considerar que pasaron 34 años después del memorable viaje del inglés. Respecto al trabajo de identificación de los personajes -porque Chatwin casi siempre los oculta cambiándoles el apellido- me ayudó mucho el libro de Adrián Giménez Hutton, un escritor argentino que hizo la ruta hace 10 años, aunque yo encontré algunas anécdotas nuevas. Por ejemplo, el hecho de que Chatwin pasa el último dia del 1974 en Corcovado, adonde se encuentra con la familia de Milton Evans. Clery, la hija de Milton, tenía recuerdos muy oscuros cuando la entrevistó Giménez Hutton, como las falsas referencias a que estaba embarazada o que encontraron al inglés en el camino, todos hechos que yo pude aclarar durante mi visita a Trevelin. Pero la parte que yo considero como mía y solamente mía es la ruta desde Lago Posadas hasta Paso Roballo. Giménez Hutton se había equivocado de camino, lo que es evidente por el hecho de que él se movilizaba en una camioneta y la única manera de encontrar la ruta, en realidad, era caminando. El camino desaparecía de las cartas y siguiendo el libro había que caminar y encontrar unas sendas de caballo… y caminar, caminar días enteros con la mochila en los hombros; pero esta parte es un secreto que me regaló Chatwin y que voy a revelar solo en mi libro. En los momentos dificiles como estos sentía que Chatwin estaba a mi lado… así que puedo decir que viajé con Chatwin en la Patagonia.

¿Qué otras diferencias hay entre el viaje de Giménez Hutton y el tuyo?



– El mío no es un documental sobre la ruta Chatwin, sino que es un viaje nuevo hecho siguiendo la misma ruta. Un viaje nuevo con sus propios personajes, Yo voy a encontrar a cada personaje y de allí se abre un capítulo con nuevas historias de la Patagonia de hoy, que se mezclan con las del pasado. En ese sentido Chatwin es como un guía para mi viaje. Por supuesto estamos hablando de un guía especial. No aceptaría viajar con un guía moderno que me dijera adónde y lo que tengo que hacer. El viaje para mí es una cosa seria. Sería una contradicción con mi idea de que el viaje es libertad.

En tus contactos con la gente local, ¿qué opiniones recogiste acerca de Chatwin? ¿Qué es lo que se le elogia y qué se le critica?

– Normalmente los intelectuales son los que difundieron la idea de que el libro de Chatwin era basura. Mateo Martinic dice que no querría esa obra en su biblioteca porque podría ensuciar los otros libros… Osvaldo Bayer me indica unos errores no muy importantes por la historia de Antonio Soto en su conjunto. Los historiadores desde sus butacas se ocupan mucho en individualizar errores históricos en el libro del inglés, pero esos errores son casi siempre insignificantes. Comprendo más una señora de Puerto Natales a la que Chatwin describe como «despreocupada y pechona…», que tenía amantes… La misma señora se quejó mucho y quería que yo le diera la dirección del inglés para decirle algo… En realidad muchos de sus personajes se quejaron de la manera como Chatwin describe sus vidas y otros señalan una falta de respecto y de educación. Susana de Fortuny le da del mote de «cretino» por no haber agradecido la familia que lo hospedó. En Magallanes la familia Eberhard me decían lo mismo, pero después me mostraron una nota que Chatwin dejó en el libro de visitas de familia que contiene, en idioma inglés, el mas simpático de los agradecimientos que yo he visto. No he conocido a Chatwin y no conozco su carácter. Lo que puedo decir es que cuando se viaja como él, sin saber adonde te lleva cada día, el cerebro del viajero está muy concentrado en la organización y recolección de datos y noticias. Para comprenderlo hay que viajar así; la fatiga te hace concentrar la atención y un sentido de supervivencia te hace pensar sólo en cómo resolver las dificultades de llegar desde aquí hasta allá o en formular las preguntas necesarias para una o otra historia. Yo mismo en alguna ocasión, dentro la excitación del viaje, me di cuenta que había salido de una casa sin saludar o dar las gracias de una manera adecuada. Mi cerebro estaba tratando de no olvidar nada de lo que el personaje me había dicho, pensaba en si necesitaba algo más, si en la mochila había puesto todo… qué tenía que hacer después… Viajando de esa manera el cerebro esta en una condición que no es la de la persona normal. Eso habría que considerarlo al juzgar a Chatwin.

¿Cuál fue tu experiencia más memorable?

– Seguramente en mi último viaje -de los cuatro que hice- la parte de los días de camino entre Lago Posadas, Paso Roballo y Bajo Caracoles, unos ciento veinte kilómetros caminando dentro a la pampa desértica, sin saber adónde iba a parar por la noche. Creo que no se puede decir que uno ha viajado «a lo Chatwin» sin caminar físicamente a su manera.
Hay todavía otros momentos en que me sentí fisicamente al lado de Chatwin y uno que recuerdo con placer es en la casa de un galés en Gaiman. Gerallt Williams está en una fotografia de Chatwin y el encuentro con él fue como un bautismo para mí durante mi primer viaje en 2006. En su casa tuve por primera vez la impresión de que Chatwin estuviese allí, escuchándome leer en castellano, mientras que los miembros de la familia comentaban los errores de sus descripciones. Era como si él, sonriendo, pensara: «¿Quién hubiera pensado que un italiano recorrería un día mi ruta para revisar todos los detalles de mis descripciones…?»



¿Cuáles son tus planes inmediatos?

– Terminar de escribir, editar el libro en Italia y viajar otra vez a Patagonia para presentarlo.

Si tuvieras que resumir todas estas experiencias en una sola frase, ¿qué dirías?

-Como te dije antes: Creo que no se puede hablar de haber viajado «a lo Chatwin» sin haber caminado físicamente a su manera.

Carlos Dante Ferrari






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