MAR AUSTRAL

Por Jorge E. VIVES

La Patagonia está íntimamente ligada al mar que contornea sus extensas y quebradas costas. Antes de la llegada de los marinos europeos existía un pueblo aborigen de raigambre marítima: los yaganes, avezados canoeros de los archipiélagos fueguinos. Cuando arribaron los exploradores del Viejo Mundo lo hicieron a través de esas aguas bravías, blancas de la espuma que el viento deshilacha de las crestas de las olas. Luego, a fines del siglo XIX y principios del XX, también las surcaron los colonos y los inmigrantes que venían a habitar estas tierras. Vía de comunicación, fuente de riquezas de diverso tipo, paisaje imponente de singular belleza que enmarca el horizonte, es imposible separar la imagen de la Patagonia del océano circundante. Sin embargo, esta simbiosis no se refleja tanto como es dable suponer en la literatura de la región.

Parecería ser mayor la atención prestada al mar en la narrativa testimonial. En principio las crónicas más antiguas, como es el caso del diario de Pigafetta, hacen referencia ineludible al océano austral porque fueron escritos por navegantes que veían el mundo con la visión del marino. En cambio, viajeros posteriores como George Musters describieron la región desde “tierra adentro”, casi sin mencionar la dimensión marítima. Sin embargo, una cronista de fines del siglo XIX y principios del XX vuelve a sentir la subyugación por el mar. Se trata de Eluned Morgan, la primer escritora patagónica; hija de Lewis Jones y autora de varios libros, entre los cuales uno de los más conocidos es la crónica de su viaje a la cordillera titulada “Hacia los Andes”. “Gwymon y Môr”, otra de sus obras, es la historia de un viaje en barco que realizó la narradora desde Liverpool hasta la colonia del Chubut. Morgan, nacida en el mar ya que vio la luz durante un viaje de sus padres en el buque “Myfanwy”, describe en “Algas marinas” sus impresiones a lo largo de la prolongada navegación.

Con el correr del tiempo aparecieron otros textos, orientados a aspectos marítimos puntuales. La figura del comandante Luis Piedra Buena es uno de los temas preferidos; lo que no es para menos dado los ribetes dignos de un guión cinematográfico que tuvo la vida del prócer maragato; defensor de los derechos argentinos en la región y benefactor magnánimo de los marinos que tenían la desgracia de zozobrar en estas gélidas aguas. “Piedra Buena, su tierra, su tiempo”, de Arnoldo Canclini, es una de esas biografías, que narra las hazañas del navegante proporcionando datos reveladores de una profunda investigación por parte del autor. Otra biografía del héroe patagónico es la obra “Piedra Buena, el caballero del mar” del presbítero Raúl Entraigas; un clásico en la bibliografía regional.

El tema de los naufragios también es tratado en varios textos. “Naufragios en el Cabo de Hornos, Isla de los Estados, Magallanes, Península Mitre, Malvinas y Georgias del Sur”, del investigador y escritor Carlos Pedro Vayro, describe en forma minuciosa los pecios localizados en la zona más austral del mar austral. Unas líneas aparte merece el libro “Naufragio del Virgen del Rosario”, del poeta y escritor comodorense Alfredo Lamas. Está redactado en base al testimonio del marinero Fernando Daniel Sabaño, uno de los sobrevivientes del barco pesquero de ese nombre que se hundió frente a las costas de Mar del Plata, con quien el autor mantuvo largas conversaciones. También Asencio Abeijón narra en “Incendio y naufragio del Presidente Roca”, relato incluido en su volumen “El guanaco vencido”, una catástrofe marítima acaecida en las costas patagónicas en 1908. Un libro de reciente aparición se agrega a esta lista: «Tras la Estela del Hoorn; arqueología de un naufragio holandés en la Patagonia», de Cristian Murray, Damián Vainstub, Martijn Manders y Ricardo Bastida

Sin embargo, parecería que en la literatura de ficción no existen tantas referencias al mar austral. El tema amerita sin dudas un nuevo artículo, cuya publicación está prevista en este blog. Pero tanto en el presente trabajo como en el futuro se analiza el papel del mar como numen inspirador para la narrativa; sin profundizar en la obra poética que es donde ha ejercido mayor influencia y que requeriría un estudio cuya profundidad excede estas líneas. Sólo a título de ejemplo de esta poesía marina patagónica, cierran el artículo unos versos del poema “Naufragio” que Alfredo Lamas introduce en la trama angustiante del libro del que es autor:

Ola, perra rabiosa
Tu espuma muerde barcos,
Rompe siniestra sobre mí
Gritando lágrimas saladas
Su eterna prisión.

Luego vuelve al seno.
Laxa… Humilde… Turmalina,
Triste color esperanza.








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