Historia de la comunicación. El Alfabeto.

Por Kayra Wicz

El alfabeto es un sistema de escritura que representa cada fonema de una lengua por medio de un signo discreto y diferenciado. La palabra ‘Alfabeto’ es de origen griego, formada a partir del nombre de las dos primeras letras de su abecedario: ALPHA y BETA.

La invención de la escritura se debe a los sumerios, quienes en el tercer milenio antes de Cristo pasaron de la primera etapa pictográfica e ideográfica (dibujos sobre seres y cosas) a un sistema de signos verticales y oblicuos, impresos sobre arcilla. Para grabar sobre las tablas de arcilla, los sumerios utilizaban un estilo de caña, especie de punzón, que al imprimirse dibujaba signos con la apariencia de cuñas (del latín cuneus, “clavo”), de ahí el nombre de cuneiforme, con el que se lo conoce.
Los egipcios desde el año 3000 a.C. poseyeron escritura,”el jeroglífico”; palabra de origen griego que significa “complicada escritura sagrada utilizada en textos oficiales, religiosos y manifestaciones artísticas”. Si bien tuvieron una avanzada cultura, no inventaron un alfabeto de caracteres independientes, debido en parte a que consideraban sagrada la escritura jeroglífica.

Egipto tuvo tres tipos de escritura: la jeroglífica, la hierática (usada por los sacerdotes) y la demótica, empleada para usos más sencillos y cotidianos. La hierática fue una escritura adoptada por varios pueblos de las culturas mediterráneas, que le fueron sacando todo lo que tenía de pictográfica e ideográfica, hasta convertirla en un sistema de sonidos puros.
Fue el pueblo fenicio el primero en modificar la escritura jeroglífica. Sin duda su mayor legado fue la invención del alfabeto. Los pueblos de la antigüedad utilizaban la escritura para fines religiosos y administrativos, a la cual sólo accedían escribas y sacerdotes.

Los fenicios en cambio, la necesitaron para fines comerciales, entonces procuraron simplificarla. Inventaron así, 22 signos, que representaban otros tantos sonidos que al combinarse formaban palabras. No poseía vocales, era netamente consonántico y se escribía de derecha a izquierda.
Ciertas leyendas suponen que fue Cadmo, personaje entre histórico y legendario, hijo del rey Agenor de Fenicia, quien introdujo el alfabeto en Grecia, hacia los siglos IX y VIII a.C., con el objeto de difundir la cultura y el progreso.

En 1822 el arqueólogo francés Jean Françoise Champollion, logró la interpretación de la impenetrable escritura jeroglífica, a través de la llamada piedra Roseta, en la que figuraba un texto repetido en caracteres jeroglíficos, demóticos y griegos. Y así se abrieron las puertas de la epistemología para esta cultura.
El alfabeto comenzó a difundirse alrededor del año 1600 a.C.; y dada la practicidad fue adoptado por otros pueblos rápidamente. En la medida que la escritura es tecnología, no es de extrañar que esta eficaz herramienta, sea necesariamente producto del primer imperio histórico de dominio geográfico, vía el macedónico Alejandro Magno (alrededor del 300 a.C.). De los griegos pasó a manos de los romanos, sentando estas dos culturas las bases del pensamiento occidental.

En sus orígenes, es decir la etapa anterior a la representación del fonema por un signo, hay denominadores comunes tanto en la Mesopotamia, China o América Central: el pictograma, el contexto urbano, las funciones de estado. Fue mucho más tarde que el sistema reemplazó la tradición oral, como transmisión de costumbres, artes, y pensamientos.

Cuando Colón llegó a América en 1492, el idioma español ya se encontraba consolidado. En este nuevo mundo se inició otro proceso, el del afianzamiento de esta lengua, llamado hispanización. La América prehispánica se presentaba como un conglomerado de pueblos y lenguas diferentes, en etapa pictográfica, que se articuló políticamente como parte del imperio español y bajo el alero de una lengua común. La iglesia y sus misiones fueron uno de los troncos principales del desarrollo del idioma.

Los soportes de la escritura, el mecanismo mental por el cual una persona interpreta lo escrito; la definición de los idiomas; la trayectoria del texto hasta llegar a lo correcto e incorrecto; el nacimiento de la gramática, semántica, y ortografía; la adaptación humana: mano, ojos, trazo, memoria; todas las relaciones que el hombre ha creado, ya sean materiales o espirituales. Todo cambio en Fenicia para siempre. Y lo más importante es, que en esta forma de plasmar el mundo y su historia, sin importar la distancia y el lugar, sentir que, mientras haya una palabra escrita esperándonos, jamás estaremos solos.









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