ABRIDOR DE SURCOS

de Rubén Héctor Ferrari*

Quizás te envidio un poco
el tiempo que has vivido,
sencillo pionero.
Y me ubico, irreverente, en esa época
de sublimes empresas y de sueños,
cabalgando en ilusiones
de nostalgias que fueron…
Es tu mundo callado el que yo busco
porque anhelo la esencia de tu sino
como el viajero que advierte su retraso
sin poder alcanzar lo que ya ha sido.
Me has dejado el sabor de tu aventura
en señales de surcos,
en rumores de acequias
y labradíos de trigo.
Pero estás siempre más allá
de la punta de mi arado
orientado hacia el sur
de tus pasos sin ruido.
Y añoro el momento que atrapaste
en el instante justo
de otros designios…
Adivino tu mano creadora del ladrillo,
el fogón de tu casa
y la risa de tus hijos.
Y te veo concebir tus palas
y tus mesas largas
y tus velas de sebo
y tu confiado silbo…
Te presiento cultivando en himnos
el mañana desde el que yo vuelvo
para añorar los muros
y las calles anchas
de tu mismo pueblo.
Y toco las tapas gastadas
de tu vieja Biblia
buscando los olores
del sudor labriego
y la esencia
de tus mismos sueños…
Advierto así mi demora en el tiempo
y tu hora lejana
y mi afán sin remedio.
Por eso envidio un poco tu ocasión,
pionero;
por ser el inspirado abridor
de surcos
y de riegos.
*Rubén H. Ferrari Doyle (Gaiman – Chubut) es Profesor en Letras (UNPSJB) y miembro del Gorsedd del Chubut.




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