REPORTAJE A CARLOS ROBERTS

 

Cremona ha sido y es hoy la sede de los fabricantes de violines más famosos: las familias Amati y Guarneri, Antonio Stradivarius, las familias Ruggeri y Bergonzi. Por más de 150 años, los violines hechos por Stradivarius y Guarneri fueron considerados los instrumentos de concierto más codiciados. Entre tanto abolengo peninsular, no puede menos que despertarnos mucha curiosidad encontrar allí a un próspero y calificado luthier con apellido británico. Mucho más aún si se trata de un descendiente de galeses, y por si fuera poco… ¡proveniente de la Patagonia Argentina! Biznieto de uno de los inmigrantes de la colonia galesa del Chubut, Carlos Roberts vive hoy con su esposa argentina -Mónica Azuaga, cantante lírica- y sus tres hijos en Cremona, donde tiene su taller de luthiería. Los instrumentos que fabrica son apreciados en todo el mundo, y ha vendido violines y violas que hoy integran grandes orquestas internacionales. Con los años ha adquirido un inconfundible acento itálico al hablar en castellano, pero sigue siendo un argentino nostálgico que vuelve con frecuencia al valle del Chubut, donde disfruta por breves temporadas de una pequeña y acogedora finca de su propiedad en la zona de Bryn Crwn.

 

 

Carlos: me gustaría que nos cuentes detalles acerca de tu ascendencia galesa.

Mi bisabuelo era Edwyn Clark Roberts. Nació en Gales en 1842, llegó a Argentina en 1875 y falleció en la Colonia el 26/02/1913. Mi bisabuela se llamaba Miriam Schalk; vino acompañando a su hermana (mujer de Edwyn Clark, con quien tenían ya 3 hijos). Ella pensaba retornar a Gales, pero su hermana falleció y más tarde, en 1886, Miriam se casó con su cuñado E. C. Roberts, en casa de tía Martha, en 1886. De esa unión nació mi abuelo Thomas, que contrajo enlace con Prudence Price. Mi abuela Prudence nació en 1889. Era hija de Edward Price ( 1849-1910) de Dyserth (Flint), que había llegado a Chubut en el Mimosa. Edward contrajo matrimonio con Ruth Williams, nacida en Brasil, de padres galeses. Ruth llegó al valle en 1867. Tuvieron 8 hijos.

 

 

Todo tu pasado familiar hunde sus raíces en la Patagonia. Cuando rememorás tu infancia en Chubut, ¿cuáles son los recuerdos que suelen aflorar?

 

Mi infancia en Chubut está llena de viajes, ausencias y despedidas. Por motivos familiares, mi padre de muy pequeño debió arreglárselas solo. Trabajó siempre en tareas relacionadas con el campo, criando animales de joven, luego alambrando, instalando molinos, etc. Nuestra familia, por ende era un poco nómade, y mis hermanos nacieron en Talagapa, en Bajada del Diablo, en Trelew, en las chacras… De tal modo, mis recuerdos son variados y debido a los cambios de lugar, los puedo separar cronológicamente y cada uno con su particularidad. Paisajes, amigos, escuela, frío y viento en invierno y un calor melancólico en verano.

¿Cómo descubriste tu habilidad para las tareas manuales?

 

Mi habilidad para las tareas manuales las descubrí al momento de darme cuenta que si quería juguetes, ¡tenía que hacérmelos! De allí salieron los camioncitos, pelotas de futbol, de todas dimensiones y materiales… En una oportunidad, cuando tenía cerca de 10 años , un señor peón de campo me enseñó cómo se hacía una flauta con la rama de un sauce llorón. Fue bastante premonitorio.

¿Y recuerdos de tu paso por Buenos Aires?

 

A los 18, fui a Buenos Aires para terminar la Escuela Industrial… ¡y con la intención de volver! ¡Todos los períodos de vacaciones, sistemáticamente volver a Trelew! Al Sur… En Buenos Aires frecuentaba un coro: el Polifónico de Palomar. Allí conocí a un joven que reparaba instrumentos. Su taller fue mi primer contacto con la luthiería.

¿En qué momento decidiste que serías luthier?

 

Decidí ser luthier la primera vez que tuve un violín en mis manos. ¡Habían pasado más de 20 años, pero finalmente nos habíamos encontrado! En mi peregrinar por bibliotecas y talleres, para obtener información sobre la construcción de violines, di con la persona a la cual debo tanto. Alejandro Bertoncello. Él fue mi primer maestro. Lamentablemente falleció aún joven, hace unos diez años.

 

 

¿En esa etapa surgió tu decisión de visitar Europa?

 

Sí; con el horizonte siempre más lejos y ya con un violín bajo el brazo, decidí conocer la cuna de la luthiería: Cremona, Italia.

¿Y qué impresión te causó el Viejo Mundo?

 

Conocer Europa y especialmente Cremona, fue una experiencia muy buena. Pero estaba muy feliz de retornar en Argentina y no pensaba ya volver al Viejo Continente… Solo que, habiendo vendido los instrumentos que llevaba en mi viaje, ¡comenzaron a llegarme encargos! He aquí que pensé: ¿por qué no hacerlos directamente allí? Con la que ya era mi mujer, Mónica Azuaga, entonces integrante del Coro Polifónico Nacional, decidimos instalarnos en Cremona… por un tiempo (eso pensábamos en aquel momento). Comenzamos por inscribirnos, yo en la Civica Scuola di Liuteria, di Milano y mi mujer en la Civica di Musica, siempre en Milán.

¿Qué capacitación lograste en esa época?

 

Luego de terminar la Scuola di Liuteria, para completar la formación profesional hice un curso de 2 años en construcción de arcos para instrumentos a cuerdas de frotar: (violines, violas, etc.). Luego otro año de práctica con un archetier… y así fue pasando el tiempo y en cierto momento me encontré con que tenía ya taller propio, dos hijos, 5 años en Cremona y tantos instrumentos hechos: violines, violas, violoncellos, violas da gamba… En un tiempo en que, además, no era difícil vender, pues de Japón, Taiwan, Corea, América y Europa venían compradores privados, músicos y comerciantes, de modo tal que, en tanto que mejoraba en la profesión, podía vivir dignamente ya de lo que construía. Hoy por hoy esos buenos tiempos son un recuerdo, pues la inestabilidad de la economía asiática, la desvalorización de su moneda, la apertura del Este, la llegada del Euro, las Torres Gemelas, la China y la gran cantidad de luthiers, hace que sea mucho mas difícil la venta. Y por lo tanto, también es mucho más difícil para un joven empezar en esta profesión.

¿Dónde aprendiste los mejores secretos de la luthiería?

 

Respecto a los secretos, ¡todavía los estoy buscando! Varios ya los tengo incorporados, trabajo tanto trabajo, estudio, perseverancia muchísima, y método. Con ellos he conseguido un buen resultado en mis instrumentos, el respeto de mis colegas y consideración por parte de los músicos. Pero pienso que desvelar el secreto si es que existe “el” secreto, sería como vaciar de contenido, en gran parte, el arte de hacer violines. Por eso creo que es mejor que cada día, cuando empezamos con un nuevo instrumento, tengamos la ilusión del descubrimiento, ¡y de que esta vez sí que será fabuloso! Tengo una carpeta, a la cual ya no puedo añadirle más hojas, con escritos, pruebas, medidas acústicas, espesores, recomendaciones para alguno de mis hijos que quiera seguir con la profesión, pero ellos se dedican a la música como ejecutantes. Mi casa está llena de instrumentos: 3 guitarras, 2 pianos, 2 organetos diatónicos, bombo, timbales etc.

¿Llevás un registro de los violines vendidos? ¿Dónde han ido a parar?

 

He construido más de 250 instrumentos; seguramente, en las orquestas asiáticas se pueden encontrar; también en las europeas y cosi via. ¡Un instrumento puede dar varias veces la vuelta al mundo!

¿Cuál es el instrumento que considerás tu obra maestra?

 

No puedo decir cuál es el mejor, o la obra maestra. Hay algunos que me han gustado particularmente, y debo decir que cada uno ve un violín con su propio feeling, sus propias emociones. ¡Esto es muy bueno, felizmente!

¿Se añora la Argentina, Carlos?

 

Se extraña la Argentina. ¡Cómo no se va extrañar! ¡Es la otra vida! ¡La vida anterior! Llena de recuerdos, de sensaciones… La juventud, Los amigos, los asados, la familia, los lugares… ¡A veces hasta da miedo volver!

 

C.D.F.

 

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