AL HOMBRE DE TODAS LAS EDADES

Esta noche he golpeado
la aldaba de tu puerta.
No te asombre,
señor de esta morada,
el cansancio de mis ropas
ni la triste expresión
de mi mirada.
Perdona la osadía de mis manos
al tocar, para llamarte,
los lujos de estos muros
que atesoran tus afanes
y el brillo de las copas
que levantas
para libar en cristales
la fineza
de tus bebidas caras.
Yo soy la parte de esas cosas
que no ves
porque las cubre
el inconsciente oropel de tus falacias.
Te traigo, sin gritarlos,
los gritos desgarrantes de los hombres
que en la guerra
empuñan las armas de tus fábricas
y el rostro seco de esos niños
adultos de terror
por tus granadas…

Y te traigo,
sin que lo huelas,
el hedor insoportable
de los campos de batalla,
a los que encierras en el frío concepto
de la estrategia guerrera
y cubres con las regias alfombras
que adivino,
más allá de tu puerta…

Mírame bien,
porque soy al mismo tiempo
la imagen del hombre que eres tú
sin que lo sepas
y porque estas pobres sandalias que visto
y el costoso ropaje en que deambulas
van por el camino
que conduce al mismo dueño.

No me cierres esta noche
las dos hojas labradas de tu acceso
y permite por hoy que mis andrajos
se acerquen hasta el lecho
de sedas imperiales de tus hijos.
Déjame que, sobre el sueño de ellos,
cuando las dos agujas del tiempo
se claven en las doce horas inmortales
de este veinticinco navideño,
me sienta un poco Cristo
y pueda mirarte
como Él lo hizo con Lázaro…

Yo luego me iré sin molestarte
con mis sueños de paz
y esta ternura
que no puede contener
mi pobre pecho.

No te exijo que preguntes quién soy
ni por qué vine
sobre el filo del minuto que señala
el instante del Gran Alumbramiento.
Recuérdame tan sólo
cuando el dulce champagne
bese tus labios.
Porque allí estaré
desde ahora
para siempre,
sin que puedas apartarme de tus brindis
ni del fútil sentido que le asignas
a la cristiana fecha…

Mírame,
pobre y triste,
porque soy la imagen de tus yerros
y en las noches sin sueños
de tus sueños
seguirás sintiendo el tímido llamado
de mi mano
en la aldaba de tu puerta.

Rubén Héctor FERRARI *

*Rubén H. Ferrari Doyle (Gaiman – Chubut) es Profesor en Letras (UNPSJB) y miembro del Gorsedd del Chubut.

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