“LOBODON” JUSTO

Por Jorge Eduardo Lenard VIVES

Liborio Justo fue un escritor longevo, que en sus 101 años de vida (1902 – 2003) escribió gran cantidad de obras. De todas ellas, hubo una cuya temática resulta de interés para este blog. Se trata de un volumen de cuentos llamado “La tierra maldita”, en obvia referencia a la Patagonia. Tuvo un éxito inusitado: su primera edición, de 1932, vendió veinte mil ejemplares en menos de un año. El éxito pudo deberse al interés que despertó en el público su alusión a una región, en ese entonces, aún desconocida y exótica; pero también tuvo que ver, sin dudas, la amenidad y la calidad literaria de los “Relatos bravíos de la Patagonia salvaje”, como rezaba su subtítulo.

No es casual que el escritor se haya interesado por la Patagonia. Preguntado cierta vez por el origen de ese apego, Justo manifestó que tenía raíces en su tradición familiar; ya que una de sus abuelas era maragata. Este es un vínculo que vale la pena pormenorizar. Unas fechas atrás, “Literasur” publicó un artículo sobre el marino Edmundo Elsegood. Su primo era el corsario James Harris, quien además resultó su concuñado; porque desposó a Juana León, hermana de “Mariquita” León, a la sazón mujer de Elsegood. El matrimonio Harris – León tuvo una hija, a quien llamó Ana. Con el tiempo, Ana Harris se casó con Liborio Bernal, un militar de amplia actuación en la Patagonia; quien ocupó, entre otros cargos, el de Comandante del Fuerte de Carmen de Patagones. Siguiendo la tradición familiar, la hija del matrimonio recibió el nombre de Ana. Algunos años más tarde, Agustín P. Justo, quien luego sería Presidente de la Nación, llevó al altar a Ana Bernal; y de esa unión nace nuestro escritor, Liborio Justo; cuyo nombre recuerda al de su abuelo.

En su autobiografía “Prontuario”, Liborio Justo admite que, inicialmente, quiso radicarse en la Patagonia. Sin embargo, al finalizar uno de los cuatro viajes que hizo al sur antes de 1932, desechó esa idea. Lo cual es lógico, porque el escritor tenía alma de viajero; difícilmente hubiera podido afincarse definitivamente en un lugar. Pero esta renuncia a asentarse en el sur no implicó desistir del sentimiento que lo unía a la región; lo que quedó plasmado en los diez cuentos que publicó con el seudónimo de “Lobodón Garra” – otra referencia, fácil de entender, a la región por la cual sentía una visceral atracción.

Los relatos introducen un puñado de temas típicamente patagónicos, que cubren casi todo el espectro de los elementos locales hábiles para incitar la imaginación de un escritor. Las corrientes colonizadoras se ven representadas en varios de las narraciones. En “El palo vivo”, relato que también incluye algunos componentes de la mitología patagónica, aparece “Frederick Stokes, colono galense de Gaiman”. En “El encuentro” se presenta a los inmigrantes boere, en un episodio que recuerda un hecho real, narrado por Liliana Esther Peralta y María Laura Morón en su libro “En la tierra del viento”: la persecución por parte de un grupo de colonos sudafricanos de los asesinos de uno de los suyos. Los pueblos aborígenes también son retratados. “¿Fue el destino?” recuerda a los onas; y “Las pieles plateadas”, a los yaganes. Asimismo, la fauna patagónica, con sus particularidades, es objeto de numerosas menciones. Por ejemplo, en “Las brumas del terror” cita al uarrah, en “La borrasca”, a los renos traídos a las Georgias por los operarios noruegos de las factorías balleneras. De esa manera, sus narraciones cubren una amplia constelación de temas que pintan un cuadro colorido y abarcador de los territorios sureños.

Al contrario de Fray Mocho o Julio Verne, quienes escribieron novelas sobre la Patagonia sin haberla pisado nunca, Liborio Justo escribe sus cuentos en base a las experiencias obtenidas durante sus viajes. No fueron períodos muy largos los que pasó en la zona; sin embargo le bastaron para crear una obra que reúne los aspectos básicos de la mitología, la historia y la morfología patagónica. Indudablemente, jugó aquí su sensibilidad artística, que le permitió captar la esencia del mundo que había conocido; pero también intervino la naturaleza tan particular de la región en la que se inspiró, que impresiona intensamente al observador receptivo.

Nota: hace pocos meses, las hijas de Liborio Justo, Mónica y Ana, donaron al Museo Regional “Emma Nozzi”, de Carmen de Patagones, una importante colección de objetos y documentos pertenecientes a su abuelo, el General Bernal. Este dato fue hecho llegar a Literasur por la Sra Rosa Spampinato.
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