NOCTURNO

(soneto)


He aguardado la noche con anhelo.
Y al despedir la tarde, ya en lo oscuro
recliné mi cabeza contra el muro
contemplando los astros en el cielo.

No sé si sorprendido por su vuelo
– pese a que tanto buscaba ese conjuro –
cuando cayó una estrella, ni el susurro
atiné a pronunciar, de mi desvelo.

El cuarto penumbroso me tuvo a la ventana
con mi afán en los labios, palpitando,
sin otra estrella fugaz para el intento.

Ya la vigilia era una espera vana
cuando un meteoro se esfumó, brillando.
Dije tu nombre. Está en el firmamento.

Carlos D. Ferrari

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