fotografía: Norma de Benedeti

TOURING CLUB

por Olga E. Cuenca

No por el sol, resguardado en su pereza, sí por el movimiento obligado de las gentes, se quiebra la película de escarcha.

La niebla acaricia las dos aguas del Museo Pueblo de Luis y humedece los ventanales del Feruglio.

A nadie se le ocurriría pensar que la culpa es del xilsa o del nordés. Sin embargo …

La escarapela con la que el bicentenario distinguió al viejo hotel ondea en la puerta.

En la calle tropiezan los vacíos con la tierra removida.

Casa Thies, Ayuso, Casa Nuevo, Sudeste, la farmacia Margara, Blanco y Negro…

la quinta del jefe de estación,

cruzaron a la vereda del pasado.

Pero el Touring está allí. Encendido, tibio su interior. Despierto.

Casi un siglo abrazado a vientos que fueron, por origen,

oceánicos, itálicos, ibéricos.

Que es por junio, y el invierno aún no llega.

El reloj puntea hacia las diez de un día que no es hoy.

Es el agujero de la llave a través del cual, el tiempo resuelve … de memorias:

El «granaíno» prepara el paladar para la copita de anís que recibirá mientras Doña Pepa elige las mejores verduras para el comedor. Se acomoda cerca del mostrador para disfrutar del trago y de la copiosa charla que dará descanso al monólogo de la pala y apilará una que otra añoranza.

El joven que ha salido temprano de su casa, espera en la confitería por el micro que lo llevará de nuevo a Gaiman. Frente a él, un pedazo de pan con dos enormes orejas, unas fetas de jamón, otras de queso y un tazón casi sopero de café con leche, son la respuesta contundente para un pedido que nunca se atrevió a hacer y que se repite cada día de clases.

Un mes atrás se habían reunido en la confitería. La profesora viajera había escuchado azorada el pedido de la alumna. ¡Y llevaba unos cuantos años ejerciendo la docencia! Mas, aquella solicitud rayaba en lo insólito.

¿¡Elegir en Buenos Aires la tela para un vestido de novia!? ¿Qué tiene que ver la Prehistoria americana con esto? Lo cierto es que se dejó convencer y ahora -casi presa de un ataque de pánico por tamaña responsabilidad- desenvuelve el paquete que contiene la pieza de encaje bordado y lo extiende sobre la cama, vigilando de reojo las reacciones de la futura novia.

Las manos del tiempo siguen inmóviles.

Entre ellas siempre habrá espacios

para claveles, narcisos y camelias.

Afuera, en la calle que quiere volver, de la mano del sol, el frío despierta.

 

 

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