CINE Y LITERATURA EN LA PATAGONIA

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

Pido disculpas por mi atrevida incursión en este tema a quienes están mucho más capacitados para tratarlo. Más allá de la intromisión en terreno ajeno, el artículo pretende ser un reconocimiento a todos aquellos que forman parte del universo del cine y, a la vez, integran el de la Literatura. Por ejemplo, la escritora y guionista chubutense Nadine Alemán; que combina ambas manifestaciones del Arte. Otra persona que lo logró es el crítico y periodista Juan Carlos Portas, quien plasma esa amalgama en una documentada historia de la cinematografía acerca de, y en, la región, llamada “Patagonia. Cinefilia del extremo austral del mundo” (*). Como un dibujo fractal que se replica a menor escala dentro de sí mismo, incluye en esa obra el capítulo “Patagonia entre libros y cine”; dedicado especialmente a tal maridaje.
Siguiendo su texto, a modo de recensión pero también agregando algún dato recopilado al vuelo, intentaré un resumen que introduzca el tema. Indica Portas que la primera película en llevar un libro de temática patagónica a la pantalla grande fue “Vuelo nocturno”, dirigida por Clarence Brown en 1933. Basado en el texto homónimo de Antoine de Saint Exupery, se filmó en Hollywood; con el asesoramiento de Luis Saslawsky. Otra cinta extranjera ambientada en la zona, mucho más tardía, es la versión de “El faro del fin del mundo” de Julio Verne; producida en 1973 por EEUU, España y Liechsteinten.
También se hicieron realizaciones cinematográficas nacionales sobre obras literarias con marco sureño. En 1947, Hugo Christensen rodó en Bariloche “Los verdes paraísos”, basado en el relato “Su ausencia”, de Horacio Quiroga. Narra la fabulosa historia de Julio Roldán Berger y su exitoso tratado de filosofía “El cielo abierto”; escrito en una importante localidad a orillas del “lago Negro”, “en el Neuquen”. Según el crítico Ángel Faretta, la película es uno de los hitos de la producción nacional. Por otro lado, “El crimen de Oribe”, adaptación del cuento largo “El perjurio de la nieve” de Adolfo Bioy Casares, fue filmada en 1952 por Leopoldo Torres Ríos y su hijo Leopoldo Torres Nilsson, de nuevo en Bariloche. La narración de Bioy Casares, de género policial, transcurre en la imaginaria localidad pre-cordillerana de “General Paz, Gobernación del Chubut”; en un contexto claramente patagónico.
Hacia 1962, Torres Nilsson dirigió, otra vez en Bariloche, “Setenta Veces Siete”, adaptando “El prostíbulo” y “Sur viejo”; dos de los cuentos de la obra de Dalmiro Saénz. “La Patagonia rebelde”, basada en el libro de Osvaldo Bayer, fue rodada por Héctor Olivera en 1974. Y en 1981, Antín filmó “La Invitación”, sobre la novela de Beatriz Guido que transcurre en San Martín de los Andes. Portas dice que unos cineastas trelewenses filmaron en base a un relato de Donald Borsella. Quienes sí lo hicieron, tomando el cuento “La Avutarda” de ese magnífico autor chubutense, fueron los integrantes del Cine Club de Comodoro Rivadavia en 1980.
Hubo otros intentos de trasladar al cine libros ambientados en la Patagonia, que quedaron sólo en proyecto. Por ejemplo, una tentativa de 1948 de llevar a la pantalla el libro de José María Borrero “La Patagonia Trágica”, de la que habría sido guionista Ulises Petit de Murat, quedó en bosquejo. Varias veces se trató de filmar “La guerra al malón”, del Comandante Prado, sin éxito. En los años 50 se planeó rodar “Lago Argentino”, de Juan Goyanarte; no se hizo realidad. Por su parte, Oscar Barney Finn pensó en cinematografiar “Chocolates Ubersalles”, de Beatriz Guido; empresa a punto de concretarse en 1981. En Comodoro hubo quien quiso llevar al filme algún cuento de David Aracena; en tanto Nicolás Sarquís imaginó una cinta sobre un relato de Asencio Abeijón y se interesó por “Partidas sin regreso”, de Elías Chucair.
Hay muchos otros datos curiosos a lo largo del libro de Portas, de lectura insoslayable para el aficionado. Pero el autor también introduce ideas que invitan a pensar. Una de ellas se refleja en la frase con la que inicia el capítulo dedicado en particular a la cuestión: “La Literatura Patagónica – entendida de tema y autor patagónico -, apenas llegó a los umbrales del cine”. Y luego lo finaliza: “En tanto, asunto y autor patagónicos siguen aguardando la lente cinematográfica”. Es cierto. La adaptación fílmica de obras de escritor patagónico con temática regional, aun no ha prosperado. Obras literarias que ameritan tal rodaje, parecerían existir. Ahora es el turno del cine para hacerse presente.

(*) “Patagonia. Cinefilia del extremo austral del mundo”, de Juan Carlos Portas. Editorial Universitaria de la Patagonia y Editorial Ameghino. Comodoro Rivadavia, Trelew, Esquel, Puerto Madryn, Ushuaia. 2001.

Nota del autor: Agradezco a Nadine Aleman la sugerencia de analizar la relación entre la Literatura patagónica y el cine; sugerencia que me llevó, finalmente, a escribir esta nota.

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