Enjambres humanos
 
por Carlos Dante Ferrari
 
 

Ahora mismo, allí fuera
hay una multitud de seres marcando 
sus pisadas
bajo la tenue oscuridad
y la llovizna
por las frías aceras.
Seres de toda edad y condición
que se entrecruzan
sin verse, sin oírse,
sin rozarse 
siquiera.




Seres que merodean 
sin rumbo ni destino
como enjambres humanos
cegados de furor
y ensordecidos
por el bullicio urbano.


Van colmando los cines, 
burdeles y tabernas,
se paran y caminan
 a veces titubean.


Luego invaden los parques,  
inundan los paseos, 
desandan avenidas
y cruzan diagonales 
arrastrando sus almas 
como pueden
por las calles perdidas.


Yo sé que están allí
porque acabo de andar 
por esas mismas calles
bajo una fina lluvia 
y el relumbre 
de luces mortecinas.


¿Se habrán cruzado, acaso, tus pasos
y los míos
mientras buscabas tu sitio
en la colmena?


Vengo de allí trayendo 
a rastras
como siempre 
el peso inseparable
de mis penas.

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