DESPERTAR
 
 
Por Carlos Dante Ferrari
 
 
Soñó que la despertaban con un beso. Un príncipe la alzó entre sus brazos y la introdujo en el castillo, donde los cortesanos y un público numeroso vitoreaban su regreso. Mientras se cumplían todos los ritos en su honor, ella observó los muros que se elevaban, opresivos, perdiéndose en la opacidad de los techos.  Se imaginó envejeciendo allí, prisionera del tedio y de las intrigas palaciegas.
Ahora el aire matutino acaricia su piel mientras el sol refulge sobre el rocío de los pastizales. La laguna es un espejo del cielo, como siempre, bajo el alegre concierto de los pájaros.
La ranita suspira en su escondite, aliviada. No ha sido más que una tonta pesadilla.
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