CUANDO

 

  Por Héctor Roldán (*) 

Cuando era niño hablaba en lenguas, en muchas lenguas. 

La del viento, la del mar, la de la luna, 

la del cielo estrellado, la de los guanacos al galope. 

Cuando era niño sabía qué decirle al zorro 

y el zorro sabía qué decirme. 

Podía leer los ojos oscuros de los charitos, 

entender los caminos de los matuastos en la arena 

y escribir con mis pasos sobre la meseta rumbos inmensos 

Inmensos, 

de molle a molle, de picadero en picadero, 

y en tan intensa caminata ver encenderse el pedernal, 

refulgir los chorrillos, saltar las liebres entre las matas. 

Cuando era niño podía dibujar las formas de todos los copos de nieve, 

atrapar el aire árido entre mis dedos azulados de frío, 

calentarlo con mi aliento y entibiar las mejillas de las niñas. 

O podía volar con los caranchos, volverme piedra, 

ser hueso blanqueado por los años, fruto morado del calafate, 

o memoria de indio en el faldeo de un cañadón. 

Cuando era niño hablaba en lenguas y era sabio en nubes, 

o quizás solo fuera un animal patagónico, 

una ráfaga más del viento,
el destello más solitario del crepúsculo. 

 
 
(*) Escritor santacruceño. 

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