LOS RETOÑOS DE UN PADRE FIEL… 
(A SU AMANTE SECRETA)
 
Cinco obras de Efrén Juan Ulla
          Imaginemos lo que significa para alguien con fuerte vocación literaria llegar a convertirse en un escritor “a tiempo completo”; esto es, asumir la escritura, en sus posibles variantes y combinaciones –ensayo o ficción, periodismo, poesía, etc.– como una profesión estable, como medio y modo de vida. Sin duda debe ser una dicha envidiable. Los que no la tienen e integran esa invisible legión de “aspirantes a”, dedicando a la literatura el casi siempre escaso tiempo libre, viven con ella, en cambio, una relación que bien podría compararse con la de una “amante secreta”. Es una realidad ligada al contexto social, cultural y económico en el que nos toca (sobre) vivir, que no siempre le permite al artista procurarse el sustento desarrollando sus mejores dones.
        Sabemos que hay muchísimas personas “casadas formalmente” con un trabajo también solemne, exigente –y por lo tanto, muchas veces aburrido, cuando no insoportable, como a veces pueden serlo algunos matrimonios– que se desquitan de esa desdichada rutina manteniendo un idilio a deshoras con la escritura. Claro está que, a veces, de esas relaciones clandestinas puede nacer un hijo. Ahora bien: los testimonios de “pueblo chico” dan cuenta de que los hijos de padres “encubiertos” son los que mejor confirman las sospechas del prójimo, porque guardan con su progenitor un parecido extraordinario, delatando esa ascendencia oculta a través del rostro, los ojos, las actitudes y la manera de ser. Del mismo modo, los amantes de la literatura procrean hijos –textos– que los pintan de cuerpo entero y mejor que nadie en el mundo.
       Este breve introito viene a propósito de que acaba de llegar a mis manos la producción literaria de un notable escritor “a tiempo parcial”,  Efrén Juan Ulla, que engendró con doña Letras, hasta hoy, cinco bellas creaturas: unos libros que son su “genio y figura” y que, ante sus conocidos, denunciarían por el estilo y las palabras esa indudable paternidad aunque los hubiera publicado bajo algún seudónimo.
       En su conjunto, estas obras revelan los diversos motivos de desvelo que caracterizan al autor: sus interrogantes y convicciones vitales y filosóficas –“Atrévase”, Ediciones Escritores Argentinos de Hoy, Bs. As., 2002–, su vocación docente y la generosidad de transmitir los sólidos conocimientos adquiridos en la faz comercial, industrial y empresarial durante una rica trayectoria profesional –“Marketin$”, Orientación Gráfica Editora, Bs. As., 2007–, sus preocupaciones sociales, políticas y económicas –“Argentina tiene salida”, Índigo Ediciones, Rosario, 2009–, la sabiduría acumulada a través de sus experiencias existenciales, acuñada en ingeniosos aforismos –“Yo, Dios”, Índigo Ediciones, Rosario, 2010– y, de reciente publicación, un volumen de poemas que desde el título –“Partes pudendas”, UNR Editora, Rosario, 2011– ya nos indica que Efrén Ulla ha decidido abrirnos allí de par en par las puertas de su corazón, mostrándonos su costado más íntimo y profundo.
       No puedo resistir la tentación de transcribir algunos fragmentos–limitándome aquí a las obras puramente literarias, ya que la brevedad de esta nota impide ahondar en las de contenido económico y político, con valiosas referencias técnicas y bibliográficas– donde el autor exhibe sus grandes cualidades, no solo como pensador, poeta o consejero, sino además un don propio de las inteligencias exquisitas: su finísimo sentido del humor. Pruebas al canto.
       “Atrévase” es una obra desenfadada, surcada por el humor y la ironía, dos ingredientes que se revelan desde el comienzo mismo con los “prólogos apócrifos” de Julián Marías, Lord Keynes, Woody Allen y otros famosos. Efrén Ulla se ríe de sí mismo, y lo hace como un recurso formidable para luego poder mofarse, ya sin excusas, de un mundo y un tiempo cargados de contradicciones. El libro contiene historias desopilantes, entre las que se destacan por su mordacidad y las moralejas implícitas un “Cuento infantil”, “Amores que matan”, “Corrupción”, “Mi personaje inolvidable” –la historia de Casimiro Lisartre, un personaje pueblerino que “…en realidad se llamaba Lisandro. Le decíamos Casimiro porque era tuerto”–, sin olvidar los “Cuentos explicados”, cuyas notas de esclarecimiento son más cómicas que los cuentos mismos. Para ilustrar la frescura de su prosa, vale la pena reproducir el remate de la historia titulada “Las manchitas”, que narra las vicisitudes de Bárbara, una chica hermosa y a la vez muy tímida. La joven comienza a sufrir la aparición de unas extrañas manchas en todo su cuerpo y no se atreve a consultar a un médico, porque todos los hombres la acosan siempre con demostraciones de lascivia. Hasta que un día, ya desesperada, acierta a pasar frente a una casa donde ve un cartel: “Doctor Erik Frederiksen”. La apariencia de orden y formalidad, unidas al apellido “sueco o danés o de por ahí”, le hacen pensar que seguramente se tratará de un profesional serio, objetivo, científico, y que nada malo le puede pasar. Se decide a hacer la consulta. He aquí el desenlace.  “Cuando entró a la sala donde atendía el Dr. Frederiksen saludó apenas y comenzó a hablar atropelladamente al tiempo que se iba desvistiendo. Hablaba sin parar y sin dar lugar a interrupciones, contando toda su angustia por las manchas que habían ido cubriendo su cuerpo maravilloso. (…) Contó todo de un tirón, y al terminar ya estaba totalmente desnuda. Espectacular en su belleza. Y preguntó: –¿Qué opina sobre las manchitas, Doctor? –Me parecen preciosas, pero tenga en cuenta que soy Doctor en Filosofía –dijo Frederiksen”.
        No menos humor e ironía hay en los “desafortunados aforismos desaforados” que integran el volumen titulado “Yo, Dios”. En este caso se suman a esos condimentos una imprescindible cuota de sabiduría vital y cierta dosis de filosofía, que afloran una y otra vez a lo largo del libro. El “Dios-Autor” elabora un prolijo catálogo de respuestas, consejos, recomendaciones y advertencias. Citaré solo unos pocos como botones de muestra. “Cuando investigues, no te enamores de tus ideas, o te resultará imposible abandonarlas”. / “Soledad no es estar solo. Soledad es no quererse”. / “¿Por qué les preocupa tanto la muerte? ¿Han escuchado alguna queja?” / “Conviene que los perversos sean perezosos”. / “Quien no tiene poder, aún puede persuadir”. /”Qué poca cosa son los sueños de los déspotas”. / “La palabra puede ser más grande que el hombre que la dice y llegar más allá de su lugar y su tiempo”. Memorables.
        Concluyo esta reseña con las impresiones recogidas a primera lectura de los poemas contenidos en “Partes pudendas”. Bajo el subtítulo de “Poesía desde la vereda de enfrente”, el volumen arranca con una “aclaración necesaria” para explicar los motivos de la titulación. También aquí campea el humor en logros como los de “Muletillas”, “Caricias”, “Duda” y otros agudos retruécanos versificados. En esta línea creativa se destacan, como recursos francamente novedosos, “Poesía en continuo envolvente” y “Corre, corre, sigue, sigue”, facturas textuales que, bajo la forma de un círculo y de un anillo de Moebius, respectivamente, intentan desafiar la finitud y el Tiempo.  Todos estos despliegues risueños sirven de deliberado camuflaje para introducir, en definitiva, sentimientos mucho más profundos: la angustia, el dolor y el amor. En el aprieto de tener que elegir aquí tan solo uno a manera de muestra, optamos por este requiebro romántico:

EL ENCUENTRO

Noche pletórica
                                                  de auspicios,
                                        poblada de premoniciones,
                                         llena de mística
                                             y poesía,
                                        cargada de intenciones
                                                                reprimidas,
                                         fantasías ocultas,
                                         mágicos presentimientos.


                                         Noche descontrolada,
                                         ardiente como leños,
                                         abrasadora, prodigio 
                                                de fascinante seducción,
                                         providencial vacilar
                                           de tu voluntad
                                                      y la mía.


                                         Encendida tú,
                                                encendida la noche,
                                         en llamas, los dos.

        En la vida real, Efrén Ulla es un experto comerciante y empresario de larga trayectoria en Santa Fe. Está felizmente casado desde hace muchos años y su matrimonio con Martha Irigoyen, lejos de ser rutinario ni aburrido, le ha deparado una ingente felicidad y tres hermosas hijas.
      Él ya no oculta las relaciones clandestinas con sus dos amantes actuales, doña Poesía y doña Prosa. No podría hacerlo; sencillamente porque estos hijos de papel han comenzado a ambular por el mundo literario proclamando a voz en cuello su inexcusable paternidad. Y como buenos retoños de mejor padre, cada día van acrecentando una fama muy bien ganada. Entretanto, el autor sigue soñando con el retiro de la actividad empresarial y la posibilidad –ya muy cercana– de convertirse en escritor “a tiempo completo”.
       Seguramente habrá de lograrlo. Sin duda lo merece.
Carlos D. Ferrari
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