RELATOS BREVES
 
 
Por Luisa Luzietti de Paolini (*)
Veo que todo tiene un orden
Lo comparto plenamente, alrededor mío lo veo muchas veces. Podría hablar del orden del universo pero no conozco el tema, y me perdería en una nebulosa oscura. Mejor vuelvo a la tierra, y podría comentar el orden de algunas cosas que conozco bien. Por ejemplo, en estos días de primavera observo el orden preciso de las plantas después del invierno. Ellas saben que con la luna nueva de setiembre tienen que mostrar sus nuevos brotes y, aunque a veces el día es más negro que la noche, ellas avanzan. Yo, con mi imaginación, vuelvo a mi infancia y me encuentro a perseguir un pequeño insecto o lombriz para ver qué camino recorre, para llegar a esconderse detrás de una yema o una pequeña hoja que se convertirá en su casa provisoria.
No hace falta decir que hoy abandoné todo eso.

Viento
Cuando el viento es constante y el cielo es muy azul, en la Patagonia sur, el alma joven lo desafía. Él es constante y el alma es joven. ¿Quién ganará la apuesta? Deja hablar al viento… Si escuchas bien hasta puedes sentir una melodía. Si miras alrededor, verás que las plantas y las flores adquieren forma diversa y fantástica, algunas hasta parecen que lloran, cuando el viento es demasiado fuerte e insistente. Si miras al cielo verás un espectáculo de nubes cambiantes que ni el coreógrafo más experimentado podría lograr en tan pocos segundos. Cuando el viento se convierte en fresca brisa, en los calurosos días de verano, es como si te sintieras en el paraíso.
Deja hablar al viento…
Después de una tormenta de viento, al atardecer llega la calma, todo parece tranquilizarse. El cielo se acerca al crepúsculo y se pinta de muchas tonalidades. Hace pensar en una vida llena de juventud y coraje  y va hacia el tramonto.
Granada
 
Miré el reloj: siete y quince de la tarde, ir y venir de la cocina, ganas de comer una fruta, tarde larga de invierno, temprano para cenar. Mis ojos se posaron sobre algo redondo de color indefinido entre rojo, amarillo y granate, corteza dura, y donde a la hora de polinizar había una hermosa flor, quedó una corona como pretendiendo ser la reina de las frutas. En mi lejana infancia recorriendo la chacra en los cálidos días de primavera, me detenía bajo un árbol de forma casi perfecta, a admirar sus flores de colores muy vivaces que parecen pequeños floreros. Recordando las lecciones de catequismo imaginaba que fuera así el árbol de las tentaciones de Eva. Ahora saboreando una fruta tan particular aparece su nombre y mi nostalgia, Granada, tierra soñada por mí.
(*) Antigua y conocida vecina de Trelew, que comenzó a incursionar en las letras con relatos breves, como los que aquí publicamos.
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