Obsesiones

Por Julio  Sodero (*)

 
Dos obsesiones trepan
como el humo procaz
desconocido  del tiempo.
Dos obsesiones.
Para morir
con la muerte elemental del hombre.
¿Entenderás la partida?
Como un capricho terminal
piensa ahora
  en el golpe dolorido del mundo.
La otra obsesión
  fijada en los puntos cardinales
      del abstracto silencio.
Ardua conjunción en la turba final.
    Sitio
        destino
             lugar de obsesiones.
En la tensa ciudad
de los últimos sobrevivientes.
Dos obsesiones salvan la muerte.
      La poesía
       
            La dura poesía.
 
(*) Escritor de Sierra Grande (1950- 2005)
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