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LO NUMINOSO

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

 

   Cuando la escritora fueguina Leonor María Piñero divide la historia de la Literatura Patagónica en cuatro épocas, llama a la primera “de grupos autóctonos”. Incluye allí las narraciones que integran el acervo oral de los habitantes originarios de la región. Es paradójico que estas obras, provenientes de culturas ágrafas, lleguen al presente a través de los escritores de los otros períodos: “de descubrimientos” (cronistas extranjeros), “de organización” (cronistas nacionales) y “de evolución” (escritores patagónicos).

   La etapa “de descubrimientos” se inicia con el “Primer viaje en torno al globo” de Antonio Pigafetta; en el cual figura el primer rescate de las tradiciones de los patagones: el dios o demonio Settebos, fuente de inspiración para Shakespeare y Browning. En las crónicas de los distintos expedicionarios europeos que toman contacto con la población vernácula, se asientan datos que comienzan a mostrar el panorama de la mitología austral. Tales apuntes tienen el carácter de un aporte científico amateur; cuyo alcance parcial permite inferir que cierta cantidad de material no fue recuperado y se perdió en forma definitiva.

   Esta transcripción ocasional llega al período “de descubrimientos” tardío, con figuras como la de George Musters y otros visitantes extranjeros, que se entrelaza con la fase “de organización”. Ya en plena época de los cronistas argentinos, Roberto Payró, Ramón Lista y muchos más siguen practicando el registro artesanal. Mención aparte merece Carlos Ameghino; quien en «Exploración geológica en la Patagonia» describe el mito del Elumgassen y lo relaciona con los fósiles de gliptodonte descubiertos por su hermano.

   Comienza por entonces un estadio de indagación metodológica, basada en los nacientes métodos de las ciencias sociales. Entre sus iniciadores se encuentra Roberto Lehmann-Nitsche, un investigador alemán que trabajaba en el Museo de la Plata. Su aporte para la conservación de las leyendas más antiguas es de gran importancia. Dio luz a numerosos trabajos; entre los que podemos mencionar “El viejo tatrapal de los araucanos”. Allí reúne varias versiones sobre el mito del brujo Tatrapal, quien tenía dos hijas. Se presentaron sendos hermanos para casarse con ellas; y el malvado anciano anunció que lo permitiría si pasaban tres difíciles pruebas. Los jóvenes las superaron merced a una ayuda mágica con la cual el hechicero no contaba; y se realizaron las bodas. Sin embargo, según Lehmnan-Nistche, una variante del cuento no tiene tal “final feliz de película anglosajona” (sic): el mago mata a las mujeres para no cederlas (de lo cual se deduce que no eran sus retoños sino sus prisioneras).

   En esa misma escuela científica, surge más tarde Rodolfo Casamiquela; un eslabón que une la era de cronistas nacionales con la de autores patagónicos. Incorpora en varios de sus trabajos ejemplos de la prosa y poesía de la zona; como en “Canciones totémicas araucanas y gununa kena”, donde figura esta canción ritual mapuche sobre el viento:

Es hermoso cuando viene el viento / de la tierra de cordillera.
Viento este, viento del norte, / viento del oeste, viento del sur.
¡A su paso va pegando el pasto! / Piedras amontonadas…
¡Arranca los arbustos! / Piedras desamontonadas…

   Con el tiempo aparecen nuevos estudiosos, tales como Berta Koessler-Ilg y Gregorio Álvarez, en Neuquén, Mario Echeverría Baleta en Santa Cruz; y Arnoldo Canclini en Tierra del Fuego; que continúan la paciente recopilación. Se inicia un momento en el cual, más allá del análisis etnológico, las creaciones se tratan como manifestaciones de arte. Asimismo, se advierte que los relatos van incorporando elementos alóctonos – entre ellos, la presencia del caballo –; e incluso surgen nuevas narraciones, que muestran el sincretismo propio del intercambio entre culturas.

   Ya en la actualidad, escritores como Nelvy Bustamante, Máximo Damián Morales, Silvia Schujer y Gustavo Roldán, toman estas leyendas tradicionales; y las emplean en los argumentos de sus cuentos infantiles. La antigua Literatura autóctona, de raíz religiosa, adquiere un marcado carácter artístico.

   Al introducir un volumen de cuentos de Montague Rhode James, Rafael Llopis dice: Los cuentos de miedo constituyen una expresión de lo numinoso cuando ya no se cree en su existencia objetiva. En tales circunstancias, lo numinoso… se expresa en un plano estético, donde implícitamente se reconoce su inexistencia objetiva, pero donde, a la vez se libera toda su carga emocional…. La historia de lo numinoso–como–ficción empieza en el mismo momento en que… muere lo numinoso-como–creencia.

   Este concepto es similar al citado por Lehmann Nietsche en su opúsculo “La pretendida existencia actual del Grypotherium”; cuando, en referencia a la leyenda sobre el lutre que le narró su informante, aclara: Díjome Nahuelpi que había oído narrar este cuento a su padre ya hace tiempo… Cuando yo le dije a Nahuelpi que denominaría fábula a su cuento, en el acto me observó que no era tal… No obstante tiene muchas semejanzas con el cuento conocido de “Enrique el Güelfo con su león”, y no estoy seguro si existe relación o no entre estos dos cuentos. Los mitos de los hermanos Grimm, por ejemplo, están en boga entre los araucanos con más o menos variantes: Lenz nos ofrece varios ejemplos; yo mismo he anotado para la República Argentina el cuento de los hermanos “Juancito y Margarita” (“Hansel und Gretel”) y “Los músicos de la ciudad de Bremen” (“Bremer Stadtmusikanten”)…

   No es necesario recurrir a las teorías de contactos interculturales para explicar esta similitud. James George Frazer, en “La Rama Dorada”, muestra como los mitos se repiten en las diversas sociedades a lo largo y ancho del mundo. Una explicación simple es que ante una situación parecida, más allá de superficiales diferencias en sus modos de vida y costumbres, el ser humano responde de igual manera; aspecto que tiende a apoyar la idea, una vez más, de que la humanidad se hermana en las mismas raíces comunes, muchos años atrás, en la noche de los tiempos.