COMENTARIO DE UN LIBRO RECIENTEMENTE PUBLICADO

 

“DESTELLOS PATAGÓNICOS”, DE SERGIO PELLIZZA (*)

 

 

Hay libros que se leen con gusto desde el mismo título. Tal es el caso de “Destellos Patagónicos”, de Sergio Pellizza; cuyo contenido hace honor al nombre que lo identifica. Porque cada uno de los relatos y cuentos del volumen presenta, como dice la definición de la Real Academia Española, “un resplandor vivo y efímero”. Vivos porque están narrados con una prosa clara y descriptiva; y efímeros por su brevedad. Pero no serán para nada pasajeros en la memoria de quien los lea; que largo tiempo los va a atesorar como ejemplos de una buena escritura, amena y reflexiva.
De cuidada manufactura, la obra muestra en su tapa la fotografía – prolongada en la contratapa– de un paisaje bien sureño: el macizo del Monte Fitz Roy, con la mole del cerro Chalten y las Agujas Poincenot, Guillaumet, Saint Exupery, Juarez, Val Biois y Mermoz. Reúne setenta y siete textos. La mayoría de ellos están ambientados en la Patagonia (como “El juicio”, “Orkeke, el cacique amigo”, “La voz no escuchada”), aunque algunos lo hacen en otras latitudes (“El ojo de la cerradura”, “Un día especial”, “El sendero”); y aún hay otros que no presentan un escenario geográfico definido (“El Globo”, “La física del amor”) o son mundos imaginarios (“La rebelión de los mapas”, “Los colores celosos”). Respecto a su temática, varios de ellos se basan en sucesos históricos (“El grumete”, “La gran María”), pero otros tienen argumentos de índole más general (“La hoja de papel en blanco”, “El arcoíris del horizonte”) ; y también los hay con tramas decididamente fantásticas (“El post mortem de don Tito”, “El acelerador de partículas”), incluyendo contenidos de la mitología aonikenk (“Brillantes nacimientos múltiples”, “El idioma de la luna”).
Cabe aclarar que en aquellas narraciones inspiradas en un hecho del pasado, siempre el escritor agrega un toque de ficción o de poesía que las apartan de la simple nota histórica. De todas maneras, es indudable que la Historia es uno de los ejes sobre los cuales Pellizza monta su obra. Otro de los trazos axiales es la ecología; de la cual se muestra férreo defensor. También la geografía de la Patagonia se presenta como uno de sus hilos rectores. Y hay una huella más que atraviesa sus escritos: lo fantástico. El autor gusta introducir el elemento fabuloso en sus creaciones, que le dan a sus palabras un tono imprevisto y variado.
Algunos párrafos entresacados de sus obras muestran su claro estilo. Por ejemplo, en “El oído y la voz del viento” dice: “La misteriosa Patagonia guarda entre sus misterios algunos que son especiales y particularmente bellos, sólo contados a aquellos que saben escuchar con la paciencia infinita de la gente del campo, que se abre a los sonidos, y a veces imágenes, de aconteceres de hace muchos años o no tantos. Como las comadres del vecindario difunden los comentarios; el viento es el portavoz de la meseta y el que traslada de un lugar a otro los recuerdos. Este viento puede soplar muy fuerte y erosionar los montes y los rostros, o suave brisa que roza con ternura y caricia. Puede quedarse quieto inmóvil. Es en este estado cuando toma el perfume de las flores y también escucha lo que dicen los que ya no están.”
Por su parte, en “El observador” describe: “El ojo del observador en lo alto de la meseta, ve muchas cosas que no cambian. El sol poniente sobre la precordillera lejana. El paso de un año que inventamos en nuestra mente y en los calendarios no es nada comparado con las rocas que hace miles de años miran el pasar del agua allá debajo. ¿Cómo puedo decir que en esta especial perspectiva de tiempo distancia, en esta Patagonia de horizontes infinitos, que este hoy de 16 abril de 1850 no es el mismo de hace 10 años, de 100 años, de 1.000 años? Es igual…”
En el prólogo, Silvio Coppola afirma: “Un libro instructivo, interesante y muy fácil de leer. Sus temas son originales, curiosos y siempre con desenlaces inesperados. Quizás este libro sea el principio de otros, ya que el autor está en plena producción e indudablemente se le requerirán nuevas publicaciones”. Y en la introducción, se aclara: “Sumergirse en la presentación de este libro de cuentos inspirados en temas patagónicos, es como ver al autor que observa, mira y escribe sus sentires disparados por el paisaje y sus habitantes. Allí pasan cosas que asombran y a su vez, provocan en la imaginación de quién lee, imágenes únicas e irrepetibles que se convierten luego, en propiedad exclusiva del lector”.
Al intentar resumir la impresión que este texto causa en el lector, surge, asociado con el término “destello”, definido también como una “ráfaga de luz que se enciende y amengua o apaga casi instantáneamente”, la idea de la visión de una estrella fugaz contra el fondo del cielo obscuro de una noche patagónica. Porque la obra de Sergio Pellizza es así: recorrer sus páginas es como observar una de esas lluvias de meteoros cuando la Tierra atraviesa las Acuáridas o las Perseidas; y contra el firmamento austral que cubre la meseta pueden verse miríadas de luces, que se contemplan con un gozo estético que recuerda al que se experimenta leyendo los cuentos de este libro.

J.E.L.V.

(*) “Destellos Patagónicos”. Pellizza, Sergio”. Editorial Dunken, CABA, 2017.