COMENTARIO DE UN LIBRO RECIENTEMENTE PUBLICADO
“EL GALLO CANTA A MEDIANOCHE”, de CARLOS DANTE FERRARI (*)

 

 

Por Jorge Eduardo Lenard VIVES

 

La lectura de “El gallo canta a medianoche”, de Carlos Dante Ferrari, genera la sensación de haber hallado un libro que dejará huellas en la Literatura regional; y que muestra sobrados méritos para ser reconocido a nivel nacional. Como en sus anteriores títulos “El riflero de Ffos Halen” y “Ritual de Siesta”, el autor recurre a sucesos reales del pasado regional como excusa para crear una obra de inquietante ficción.
En esta novela pueden reconocerse tres ejes temático-estilísticos, sobre los cuales se apoya el interés que despierta el texto en el lector: una trama apasionante, relacionada con lo sobrenatural; una escritura amena y ágil; y una nostálgica reconstrucción del ayer valletano.
El argumento, pese a tratarse en el fondo de una manifestación del género policial, ingresa en el terreno del intimismo; y se entremezcla con la vertiente fantástica. Aparece la magia en su variante más obscura; y también en su faz de atenuado y ambiguo esoterismo. Pero también surge la explicación lógica y racional a todo lo que sucede; que trae una y otra vez a la realidad la imaginación del leedor exaltada por la narración. Esta intención se reafirma en las citas de Sigmund Freud y James George Frazer agregadas en las solapas de la edición; con alusiones al origen de la magia en la mentalidad primitiva, como arbitrio para enfrentar a la naturaleza hostil y a sus propios congéneres. Sin embargo, al final, como un guiño del escritor al estilo de la ambigua sonrisa del gato de Cheshire, queda flotando la sombra de la duda; que inclina la balanza un poco más hacia el lado de lo obscuro y lo latebroso.
El autor recurre, para ayudar a crear la sensación de incredulidad suspendida que reclama a quien lee, a la cita erudita de bibliografía y autores reales; como Harvey Spencer Lewis y su “Envenenamiento Mental”, el “Corpus Hermeticum” de Hermes Trismegisto o el “Tratado elemental de magia práctica” de Papus. Se introduce también en el terreno, más escabroso, de la cábala, la gematría y sus coincidencias numéricas; y en el mundo de las ceremonias iniciáticas y los ritos secretos, que colman la imaginación de los que buscan escapar a la desesperante y prosaica realidad de lo cotidiano. El campo no es ajeno a Ferrari, quien en su anterior creación “Visiones en la Torre”, explora el ámbito de la metempsicosis y el mesmerismo.
Con relación al segundo eje, la presencia de un estilo ameno y ágil, es una característica que se materializa, a su vez, en la descripción de lugares y situaciones en un lenguaje claro y conciso, sin aditamentos innecesarios, en un adecuado manejo del diálogo; y en el recurso a desarrollar la historia en capítulos cortos que, como los peldaños de una escalera, permiten avanzar en la lectura sin provocar tedio. La prosa del autor es nítida y va directo a su objetivo; aunque se adorna con recursos literarios variados y frases que presentan pensamientos originales y profundos, de esos que engalanan la producción de los buenos escritores. Por su parte, las conversaciones entre los personajes son naturales; emplean palabras cotidianas sin caer en la exagerada vulgaridad que acostumbran muchas veces a mostrarnos las letras actuales. En tanto a su estructura, el arbitrio de recurrir a los capítulos de pocas hojas, introduce los hechos de una forma gradual y sutil. Se comienza con una bucólica evocación de la infancia del protagonista, que parecería predecir una sencilla historia de inmigración y desarraigo; y se encuentra, en el momento menos pensado, en un escenario signado por el misterio y el crimen.
Respecto a la cuidadosa evocación del pasado del Valle del Chubut, orientada a la década de los años cuarenta del siglo XX, cuando suceden los hechos principales que se narran; se basa no sólo en el conocimiento de un descendiente de familias fundacionales del valle, donde se reúnen comentarios sueltos oídos de chico, charlas con amigos memoriosos y leyendas urbanas que el viejo poblador conoce; sino también en una búsqueda paciente en archivos periodísticos e históricos de diversas instituciones. Ello da lugar a la vívida remembranza de una época de la zona que dejó muchos recuerdos en sus habitantes.
El volumen puede ser leído como una obra de ficción; sin aditamentos. No se necesita conocer Trelew, ni Gaiman, ni el Valle del Chubut para disfrutar de sus páginas; porque Ferrari adhiere al ideal tolstoiano de pintar la aldea para pintar el mundo, y sus palabras superan lo local para tocar un tema universal: el camino que lleva de la obsesión a la muerte. Pero también es un homenaje a su lugar natal. El autor logra de esa manera un efecto que trae a la memoria las páginas del “Crimen y castigo” de Fedor Dostoievski. Profundamente ruso, Dostoievski no puede dejar de retratar los lugares familiares de San Petersburgo donde transcurren las acciones; el marco necesario a los hechos que ocurren.
Esa referencia trae a colación otra característica común de ambas creaciones: las dos son novelas policiales, que recorren el camino desde el crimen al castigo. Y en las dos se conoce el victimario; y la trama se centra en averiguar sus motivos. En un caso, previo al homicidio; en el otro, a posteriori. Lejos de los lugares comunes de la temática contemporánea regional, el texto de Ferrari incursiona en los temas realmente universales, sin perder de vista que el escenario de la narración es familiar y reconocible.
Para resumir, este libro es una Novela. Así, con mayúsculas, para remarcar que cumple con la problemática de la ficción literaria: una creación que entretiene y hace pensar. Pero que entretiene sin caer en lo frívolo y chabacano; y que hace pensar sin derivar en el ensayo de psicología, sociología o política, errores tan frecuentes en la escritura de hoy. Es una verdadera Novela. Y, como sabe el entendedor, eso es mucho decir. Dar la bienvenida al panorama literario regional de esta obra es un honor; leerla es una necesidad para entender los nuevos caminos que se abren a la Literatura Patagónica.

J.E.L.V.

(*) “El gallo canta a medianoche”. Ferrari, Carlos Dante. Literasur, CABA, 2017. Tapa de Ivana Ferrari. En la contratapa, el autor del libro agradece al diario “El Chubut” y al Espacio de Arte Mudich.