EL POEMA DEL RIO NEGRO

Por Raúl A. Entraigas (*)

 

 

Sacudió nuestro río fecundo
su atávico sueño;
los canales que abrían su gleba
como un escalpelo
removieron el sueño de siglos
de mi Río Negro…
¡Oh, aquel día que abrió sus compuertas
la Barda del Medio
y se entraron, revueltas, cerriles,
como presas quizás de que frémito,
las aguas nevadas
que venían viajando de lejos!
¡Oh aquel día feliz que esa linfa
traspasó, derrochando su légamo,
esos Cinco Saltos
que son cinco versos,
los cinco poemas
del gran Río Negro!
Y surgió, cual por arte de encanto,
como brota un milagro, un portento
la granja opulenta,
los árboles tiesos,
manzanas sangrantes,
racimos ubérrimos,
Ceres y Pomona,
el trigo… el viñedo…
El agua fecunda
se volcó sobre el duro terreno
y se alzó, a su conjuro, la chacra,
cornucopia de tiempos modernos.
Y se irguió la alameda imponente
como un gran ejército;
veteranos formados, los álamos,
firmes en sus puestos,
montan guardia de honor al camino
por do pasa triunfal el progreso.
Y allá entre canales
como sendas que van al misterio,
como rieles que van al futuro
los mil y un viñedos,
túrgidos de frutos,
cansados del peso
de henchidos racimos
que destilan dulzura hasta el suelo.
Y hubo risa en la chacra apacible,
y hubo paz en la faz del labriego,
y miraron sus ojos tranquilos
los retoños del lar solariego.
Y cantaron en coro “i friulani”
Y afincaron su casa los vénetos;
sintiéronse alegres
se supieron dueños
y creció junto al río una raza
con el fresco vigor del renuevo.
Y esa paz, esa risa, ese canto,
esa fruta, ese mosto, “eso nuevo”
es el gran poema
de mi Río Negro.

 

(*) Escritor de Río Negro. El poema es de su libro “Patagonia. Región de la aurora” (Editorial Don Bosco, Buenos Aires, 1959).