MENDIGO DE LA NOCHE

Lago Buenos Aires

 

Por Cristian Aliaga (*)

 
Los senderos de piedra, de toscas, las huellas apenas marcadas en la meseta, las cortadas en el bosque azul, las calles apretadas por la floresta y la lluvia torrencial; ahí se mueve como un campesino extraviado; irreflexivo ante las dudas de la noche que cae. Furioso de ardor, temeroso de quedar ciego cuando las luces se enciendan. Adecuando la vista a la oscuridad obtiene ventajas sin esperar una eternidad, sin necesitar luz alguna. Luego viene la tarea de entender, pero eso es menos accesible que vivir. Busca volverse profeta a fuerza de oscuridad: de allí sabe extraer pequeñas luces que antes no divisaba. No es cierto que existieran antes que él las descubriese, uno sólo puede crear cosas con la mirada. Estamos con un ojo puesto sobre el mar y otro sobre el naufragio.
(*) Escritor de Comodoro Rivadavia. El texto es de su libro “Música desconocida para viajeros” (Desde la Gente, Buenos Aires, 2009).