COSTAS DEL BEAGLE

Por Rita Drisaldi (*)

 

Junto al abismo de roca viva
el hielo es un violín con pena.
El viento, labrador eterno de poemas
dejó escrito señales que no entiendo.
El mar, de lapislázuli fundido,
en su fondo revuelve
los huesos de intrépidos marinos
que vencerle quisieron…
Galeones con vieja plata
duermen entre las medusas y las lapas.
La espada en una mano
y la cruz en la otra
el español bravío
por aquí se arriesgó,
en pesados navíos
del color de los troncos
y las velas muy blancas,
desteñidas de sol.
Por aquí se emboscaron
los corsarios ingleses,
en un día lejano
a esperar un galeón…
Tal vez desembarcaron
en las costas agrestes
a dividir los bienes
que el coraje ganó,
o a ocultar un tesoro
con sigilo infinito
en la caverna oscura
que el acaso otorgó.
Estos árboles vieron
zozobrar cien navíos.
Contemplaron el cuerpo
del muerto capitán,
escucharon gemidos
en las noches de invierno
cuando el viento y las olas
corrían sobre el mar.
Disfrutaron la calma
de las mañanas claras
después que se alejara
la ignota tempestad
Bajo sus copas viejas
murmuraron los onas,
ante el asombro inédito
que Europa les causó,
con sus hombres barbados
con el vino y sus naves,
con su acero labrado
y el rugir del cañón.

 

 

 

(*) Escritora santacruceña. El poema es de la Antología de Escritores “Primer Centenario de Río Gallegos” (Sociedad Argentina de Escritores. Filial Santa Cruz, Río Gallegos, 1985).