RELACIÓN INCONDICIONAL

 

Por Luis Alberto Jones

 

 

Ahí estaban, sentados en un escalón de la vidriera. Parecían ajenos a lo que transcurría alrededor. Gente que corría en un día de lluvia. Autos y colectivos luchando por llegar a su destino, todos librando su batalla diaria en la guerra de la vida. El perro estaba calmo, quizás esperando que el dueño decidiera seguir, y su porte era de orgullo por su único capital: la correa verde, como lo era la bolsa para el deambulante. Todo lo que tenían cada uno, lo único. Pero por sobretodo creo que se sentía orgulloso porque tenía un compañero de vida. Nunca, seguramente, había sabido si comer todos los días era natural, como tampoco el pasar frío por las noches, pero esto último no le importaba tanto porque cada uno era frazada del otro. Su impronta era expectante. Había agradecimiento por ese nuevo día juntos, también mucha atención hacia quiénes los rodeaban, porque para eso también estaba, siempre listo para defender a su amo de todo y de todos. La gente circulaba apresurada por el mal tiempo indiferente al dúo. Quizás muchos anhelaban tener alguien en sus vidas que los amara por ellos mismos y no por lo que tenían. Pero claro, vivían su mundo, ajenos, totalmente ajenos al hombre y al perro. Ellos, en tanto, se aceptaban con lo poco que tenían cada uno, disfrutando de lo más valioso con que contaban en su otro mundo: la amistad.