EL SUCESO INDETENIBLE

Por Sergio Pellizza (*)

 

 

Ramón yacía en su cama aquella mañana de octubre, ensimismado en sus innumerables pensamientos. Sin embargo nunca consideró la posibilidad que aquel día iba a cambiar de manera tan profunda su existencia. Consideraba que había llegado a un punto en su vida que ese tipo de día había quedado atrás y, también una parte de sus pensamientos se centraba en el reconocimiento de que comenzar un nuevo día de esta manera, no sabía cómo hacerlo, y sí, le parecía atractivo no levantarse. ¿Levantarse para intentar impedirlo o, solo dejar que simplemente ocurriera? Esa pregunta recién asomada a su mente le dio un leve toque a su voluntad; pero no alcanzaba. Necesitaba mucho más energía para romper tanta inercia y pasar de este cómodo estado de reposo al de movimiento.
De pronto todo se aclaró. No estaba en la cama, tampoco era octubre, era el 28 de noviembre de 1897. En el paraje de Miraflores, Provincia de Salta El suceso indetenible era su propia muerte. Ya se había producido. Su espíritu no se había alejado aún y se veía desde una perspectiva extraña tirado sobre un suelo húmedo y fofo con un tiro en la cabeza a merced de cuervos y caranchos que ya estaban merodeando.
Los datos que llegaron en un principio hablaban de suicidio. Más tarde una expedición rescató el cuerpo y lo trasladó a Buenos Aires, estudios posteriores dejaron en claro que el explorador había sido asesinado presumiblemente por un par de baqueanos que lo acompañaban. Estaba en preparación sus intenciones de navegar todo el curso del río Pilcomayo. Se propuso navegar ese río y develar su secreto, como era su costumbre. Comenzó desde la naciente, cerca de Bolivia con la idea de llegar hasta su desembocadura en el río Paraguay. La muerte lo sorprende en este intento a los 41 años, cerca de sus nacientes casi en el límite con Bolivia. Sus restos recibieron cristiana sepultura el 24 de febrero de 1898 dentro del Cementerio de la Recoleta en la bóveda de la familia Andrade.
Sobre su tumba alguien escribió. Aquí yace Ramón Lista. El explorador sin límites. Fue el primer explorador criollo en Tierra del Fuego. Navegó por primera vez con una lancha a vapor el río Santa Cruz. Recorrió las nacientes del río Chico y en 1884 realizó un viaje a caballo de 3500 kilómetros que le permitió relevar las principales vías hidrográficas patagónicas que desembocaban en el Océano Atlántico. Fue el segundo gobernador de Santa Cruz, nombrado en 1887. Don Ramón Lista decide trasladar la capital del territorio, que funcionaba en Puerto Santa Cruz, a Río gallegos en 1888 con el objeto de vigilar mejor las riquezas auríferas de Cabo Vírgenes. El traslado jurídico de la capital sólo se realizó por ley del año 1898 y es ratificado el 19 de mayo de 1904 cuando el Poder Ejecutivo Nacional promulgó el decreto respectivo. Semillas de argentinidad sembradas particularmente en esta bendita Patagonia austral.
Semillas sembradas con la entereza de su espíritu que al fin partió en paz porque le había dado a la planta nacional, el agua para que se produzca el milagro del incipiente florecer argentino en los confines del sur de la patria. 

 

 

(*) Escritor de Río Gallegos. Este relato pertenece a su libro “Destellos Patagónicos” (Editorial Dunken, Buenos Aires, 2017)