SIN FINAL (*)

Por Laura Gallego

 

Una tarde hablando de la vida con mamá, luego de tomar su medicación, me contó cómo empezó aquella historia de amor entre ella y papá. Me encontraba al pie de su cama con un libro en la mano lista para leerle. Esta vez la que iba a oír atentamente era yo. 
Estando uno del lado opuesto al otro, una voz en nuestro interior nos decía que llegaba algo mejor.
Durante mucho tiempo, cada uno por su lado, sufrimos la desilusión de dar todo sin recibir nada a cambio. Nos enamoramos del ser incorrecto una y otra vez. Muchas veces con ganas de no querer sentir. Sólo con ganas de vivir el momento, sin expectativa alguna, hiriendo gente a nuestro paso, tal como nos habían hecho a nosotros.
Una noche durante un evento, al cual concurrimos ambos, tu padre y yo, siguiendo nuestras rutinas de sólo pasarla bien, cruzamos nuestras miradas e inmediatamente nuestros corazones comenzaron a latir de forma inusual. Una mezcla de sensaciones nos invadió. Lo sé porque al hablar, tiempo después, sobre ese día, él me contó que sintió lo mismo que yo. 
Un lento nos invitó a bailar. Nada ni nadie parecía importar, todo se tornó negro y eran sus ojos los faroles que me guiaban hacia él.  Ninguno entendía qué sucedía, pero, sin dudar nos dejamos llevar.
 El miedo estuvo presente y eso a veces era un obstáculo.
Pero con el pasar del tiempo y de conocernos cada vez más, descubrimos que éramos lo que siempre habíamos buscado, lo que sin dudas cada uno nos merecíamos. Fue ahí cuando decidimos ser nosotros mismos, sin importar cuanto dábamos uno al otro. Juramos amor eterno, ese que va más allá de la vida e incluso de la muerte, un amor sin final.
La mirada de mamá se iluminaba mientras contaba la historia y la pude imaginar en mi mente con todos los detalles que se te puedan cruzar por la cabeza.
— o —
Con el pasar de los años, viendo como la enfermedad de mamá avanzaba, al recordar la manera en que papá había dejado este mundo, a raíz de un cáncer fulminante, pude notar que su corazón se iba enfermando de tristeza. Ya no se quería levantar de la cama, no quería comer, no se quería ni bañar.
Una tarde mamá me dijo:
-Hija, te voy a hacer un pedido que aunque sea extraño, quisiera que lo cumplas. -Bebió un vaso de agua y continuó:- pues una promesa hicimos al casarnos y ésta fue estar juntos por siempre. Quiero que me lleves a la casa del campo, donde fuimos tan felices, y junto a mi coloques la ropa que llevaba puesta el día que nos conocimos y me tomes una foto, consérvala. 
-Claro que sí mamá, claro que sí.
– Y algo más, nunca olvides cuánto te amamos, hija.
— o —
A la mañana siguiente mamá partió. Su último pedido fue respetado.

 
 
 

(*) Relato presentado por el escritor santacruceño Luis Ferrarassi, un frecuente colaborador de LIterasur. Desde el taller de Iniciación a la Narrativa que brinda en el Instituto del Sindicato de Empleados de Comercio de Río Gallegos el escritor Luis Ferrarassi, frecuente colaborador de “Literasur”, se dio como consigna, mirar esta imagen durante breves segundos a los cursantes. Como una piedra cayendo en un estanque, esta imagen mueve ondas en el cerebro y hace sentir cosas diversas a quien la observa. Este relato, de Laura Gallego, es el resultado.