CUADRO

Por Anita Aracena (*)

Son pequeñas cosas:

una mesa, un jarrón

una cama, unas llaves

el tintero volcado

la pipa durmiendo 

sobre el libro solo

los guantes como una alondra triste.

Soledad despierta

en la casa de paredes verdes

nunca ojos-azules encontrarás su mano 

batiendo el aire de verano 

ni correr el domingo con su pipa de espuma;

los árboles de noche callarán su canción

mientras tú ojos-azules lo vayas

dibujando en el regazo de su destino.

La caña de pescar en el galpón

sube los días sin letras,

su gorra, la que tanto le gustaba

va siguiendo la ruta de un nuevo país

donde las gotas van sumando el arco iris.

Ojos azules, qué tristes son los viajes

a las grutas de las estrellas

cuando las manos se quedan sin el humo del retorno

y en la casa de paredes verdes, el silencio

va poniendo telarañas a los objetos.

Partió con el último 

reflejo anaranjado del atardecer

Los árboles de noche callarán su canción

mientras tú ojos-azules lo vayas

dibujando en el regazo de tu destino.

(*) Escritora chubutense. Este poema es de su libro “Cómo son de azules las palabras” (Ediciones G Pro Cultura, Comodoro Rivadavia, 1986).