DOS MICROCUENTOS

Por Pablo Lautaro (*)

PARADOJA

El niño subió al árbol de la vereda por el costado menos denso.

Ya sobre la copa, meditaba en silencio lo que su madre siempre le decía: Pretender que vos hagas algo bien es como pedirle peras al olmo. Su vista quedó perdida mirando un pequeño fruto que luego tomó con una de sus manos y la noche lo sorprendió sin más remedio, hasta que la voz de su hermano mayor lo sacó del letargo. Benjamín, bajá que mamá te busca. Minutos más tarde y frente a su madre, con cierta emoción, tomó de uno de sus bolsillos la evaluación de Lengua. Había sacado diez. El silencio reinó entre ambos y antes que ella pronuncie palabra alguna, del otro bolsillo sacó una pera.

EMBELESADOS

La música le atraviesa los tejidos, penetra hasta los órganos, recorre serpenteante cada laberinto, se instala en su cuerpo. Bailarín de estirpe, coquetea con el movimiento, exterioriza en el rostro huraño, lo que los ojos inertes capturan a través del oído.

Los dedos en la espalda de la compañera marcan el compás, transmiten en una oscilación todos los sentidos. La sugestión puede a la timidez y sus cuerpos transforman las notas del dos por cuatro.

Sus almas encuentran en la danza la cercanía necesaria para silenciar la sala. “Por una cabeza” los invade y sus soledades sucumben seducidas.

(*) Escritor neuquino. Textos tomados de su libro “Alumbrado Nostalgias” (Editorial Dicit, Neuquén, 2017)