MARÍA JULIA ALEMAN DE BRAND – Q.E.P.D.

Recibimos la noticia con una mezcla de estupor y de tristeza. María Julia Aleman de Brand ha fallecido en Esquel a los 94 años de edad. Estupor, por aquello de que “los poetas nunca mueren”. Tristeza, porque nos recuerda que, más allá de esa metáfora esperanzadora, hay un día fatal e ineludible señalado en el calendario para todos los mortales.

Ha partido una de las grandes figuras líricas de nuestra región. Seguramente habrá de reunirse en aquellos prados celestes con otros grandes cultores de la poesía que compartieron el mismo escenario territorial y el mismo proscenio de los vates: Irma, Amílcar, Lidia, Griselda y tantos nombres inolvidables de nuestros juegos florales.

María Julia tenía muy en claro la finitud de la existencia y el sentido que cada uno puede darle a su tránsito terrenal. Y sabía muy bien que, en su caso particular, se trataba de cantarle a las cosas de esa tierra tan amada. Quizás por esa misma conciencia, muy tempranamente, supo dejarlo por escrito con estos versos que hoy nos permiten recordar su magnífica calidad poética.

QUE TODO MI CANTAR ME JUSTIFIQUE


Por María Julia Aleman de Brand (*)




Mi canto estuvo siempre enamorado
de esta tierra paisana y fronteriza,
fue un puñado de sal y de ceniza

por el viento del Sur desparramado.

Y a veces, ni fue canto, sino un grito
libertado, por fin, de su envoltura;
una flecha en el aire a la ventura,
una estrella lanzada al infinito.


Pero flecha o estrella, su elemento,
su materia vital y primitiva
fue la tierra. Que en ella sobreviva
más allá de la vida y su momento…


Más allá de mi cuerpo y de su escoria
mi canto vivirá, fiel testimonio
de todo lo que fue mi patrimonio

y ha de ser una parte de su historia.

Y yo he de estar ahí: detrás del canto
de todo lo que amé y volví poesía,
de todo lo que fue lírica mía,
la razón de mi risa o de mi llanto.


La razón de mi búsqueda en la vida
sin saber, al final, lo que buscaba.
Sabiendo, nada más, que se me daba

el canto como punto de partida.

Y a ese canto fui fiel, cada jornada,
en espíritu y alma fui tu amante.
Oh Sur de mi recuerdo más distante!

Oh Sur de mi voz última y callada!

Yo te amé, tierra Sur, amé tu viento,
la arisca desnudez de tu montaña,

el bosque, con el árbol en su entraña
y el lago con azul de firmamento.

Amé el cielo de estrellas constelado,
la libre infinitud del campo abierto,
y en toda la aridez de su desierto
los matojos de pasto calcinado.

Dame un poco de tí, tierra sureña,
para cuando cumplido esté mi plazo:
abre el pardo frescor de tu regazo
y recibe mi cuerpo en su estameña.
  

… y el lugar de mi tumba identifique
un silvestre manojo de mosqueta.
Tierra mía del Sur, si he sido poeta
que este canto de amor me justifique…





(*) Este poema obtuvo el Primer Premio en el MiniEisteddfod 1981 – Del volumen «Soy Poesía, búscame en el Sur» – Ed. Asoc. de Escritores del Oeste del Chubut – Esquel, 1993.