LITERATURA ANTÁRTICA

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

La Antártida Argentina forma parte, junto con las Islas del Atlántico Sur, de la provincia de Tierra del Fuego. Por lo tanto, es acertado decir que las creaciones literarias relativas a esta zona se integran al corpus de la Literatura Patagónica. Quien investigó el tema con su habitual pericia es el Dr Pedro Luis Barcia, cuya obra “La Literatura Antártica Argentina” indaga sobre las obras nacionales inspiradas en el Continente Blanco. Al desarrollar su estudio, encuentra que la región fue numen para la poesía, la dramaturgia y la narrativa. En base a este trabajo, también hacen importantes aportes al punto Juan Terranova en su artículo “Escritores Antárticos Argentinos” (*); e Ilaria Magnani en “La Antártida en la Literatura Argentina” (**).

La primera obra que menciona el Dr Barcia es el poema “La vida en el Polo”, fechado en 1886; fruto de un autor desconocido que se refugia en el pseudónimo “Antares”. Hacia 1905, la crónica se hace presente con “Dos años entre los hielos”, de José María Sobral. Data de esa época el “Diario del Estafeta” de Hugo Alberto Acuña; uno de los integrantes de la dotación inicial de la Base Meteorológica de las Islas Orcadas. Fue escrito durante 1904, aunque su publicación es muy posterior. En 1925, ofrece su prosa poética “El puñal de Orión”, de Sergio Piñero. Al tiempo, en 1932, Liborio Justo publica con el seudónimo de Lobodón Garra el volumen “La tierra maldita”; cuyo cuento “Las brumas del Terror” transcurre en la Antártida. El novelista Juan José de Soiza Reilly viajó a las Orcadas en 1933. Al regreso describe sus experiencias en un artículo para la revista “Caras y Caretas”, con subtítulos como“La tragedia de la soledad”, “Psicología de los pingüinos” y “El alma de Ramsay”. Este último, según Terranova, es un verdadero cuento de fantasmas.

Iniciada la década de los 40, se da a conocer la pieza teatral “Islas Orcadas”, de José María Monner Sans y Gómez Masia. También son de ese momento el poemario “Antártida Argentina. Poemas procelares”, de Luis Ortiz Behety; y el ensayo “Cuatro años en las Orcadas del Sur” de José Manuel Moneta, ambos de 1948. Más tarde, en 1954, se publica “La vida en la Antártida. Mis días en Melchior”, de Alberto Aníbal Soria; y, hacia 1958, la narración “Viaje a la Antártida” y el poemario “Donde la Patria es un largo glaciar”; los dos de Nicolás Cócaro. Luego aparece “Antártica. Poemas de hielo”, por Carlos Moneda Testa, en 1960.

En 1970, vuelve la poesía con “Sonetos antárticos” de Mario Victoria. En esta época pueden además mencionarse «Había una vez en la Antártida» (1967) y “Lejos del Sol. Nuestra Antártida» (1974); obras de Mario Luis Olezza. Ya en los 90, se edita la novela “Misterio en la Bahía Paraíso”, del santacruceño Rodolfo Peña; con una trama que reúne intrigas internacionales en un escenario antártico más complejo. A inicios del siglo XXI aparecen varias obras relativas a la zona. En el género dramático, se puede citar “Continente viril”, de Alejandro Luis Acobino (2001); y en el didáctico diversos diarios, crónicas y ensayos, como “Antártida Negra. Los diarios” de Adriana Lestido, “Reminiscencias” de Jorge Julio Mottet, que describe la expedición científica argentina de 1951, “Vivir en la Antártida. Expediciones de un Guardaparque» de Julio Cesar Zoccatelli, “De la Tierra Australis a la Antartida” del investigador fueguino Luis de Lasa, que trata sobre la evolución de la cartografía antártica; y «Los Tiempos de la Antártida», escrita por Ricardo Capdevila y Santiago Comerci, quienes desarrollan una detallada Historia de la región.

Pero no sólo los autores nacionales tocaron temas relacionados con la porción de la Antártida reclamada por el país. La expedición de Sir Ernest Shackleton entre los años 1914 a 1917, con el buque Endurance; originó una abundante creación literaria. Entre otros títulos se puede citar “Sur”, escrito por el mismo Shackleton. No fue su único libro sobre la región; ya que, basado en su expedición de 1907, escribió “El corazón de la Antártida”. A su muerte en 1922, Hugh Robert Mill redactó la biografía “The life of Ernest Shackleton”; y años más tarde, en 1959, se publica “Endurance”, de Alfred Lansing; relato clásico de la expedición. Algunas obras más modernas que tratan sobre el tema son “Shackleton. Expedición a la Antártida” de Lluís Prats, “Atrapados en el hielo” de Caroline Alexander, “Los Viajes de Shackleton a la Antártida” de Alberto Fortes López y “La Aventura Antártica del Endurance” de F.A. Worsley. En esta expedición, perdido el buque, la tripulación sobrevivió durante dos años en el desierto helado; sin sufrir una baja. Esa proeza se adjudica al liderazgo de Shackleton; por lo que la campaña también se analiza en textos de gestión empresarial como “La Brújula de Shackleton”, de Jesús Alcoba González y “Lecciones de liderazgo”, de Dennis Perkins.

En la actualidad, la Antártida, sin perder su misterio, es un sitio visitado en forma habitual por turistas y viajeros; muchos de quienes vuelcan a las letras su testimonio. Tal los casos de “Viaje a la Antártida” de León Lasa, “Un viaje a la Antártida” de Sergio Rossi, “Álbum de la Antártida” de Ramón Dachs, “Relatos de la Antártida, una travesía en el Spirit of Sydney” de José Bescos Cano; y “Horizonte Móvil (Una expedición literaria a la Antártida)”, de Daniele del Giudice; entre tantos otros.

Para terminar este breve recorrido por la Literatura blanca, se recuerdan las obras pertenecientes a un género, el de terror; que halla en aquel lugar espacio propicio para sus fantasías. El ejemplo más conocido es el de las novelas “encadenadas” de Edgard Allan Poe (“Las aventuras de Arthur Gordon Pym”), Julio Verne (“La esfinge de hielo”) y Howard Phillips Lovecraft (“En las montañas de la locura”). Otro relato de miedo antártico es “En la tienda de Amundsen”, de John Martín Leahy. Por su lado, John W. Campbell fantasea sobre una nave alienígena y su tripulante, extraídos de las profundidades del hielo en el cuento “Visitante del espacio”; en tanto en la novela “La noche de los tiempos”, René Barjavel describe una fenecida civilización, sepultada bajo el manto helado. Una curiosa novela, más de aventuras que fantástica, es “Al Polo Sur en velocípedo”, de Emilio Salgari; donde los exploradores llegan a los 90 grados de latitud sur en bicicleta.

En síntesis, la creación literaria nacional relacionada con la Antártida constituye un poderoso aporte a la Literatura Patagónica; en tanto que el resto de las obras citadas en la nota se incorpora al vasto corpus de las letras universales, aportado un hálito de aventura y romanticismo a los prosaicos tiempos actuales.

Notas:

(*) Juan Terranova. “Escritores Antárticos Argentinos” (https://latinta.com.ar/2017/10/escritores-antarticos-argentinos/)

(**) Ilaria Magnani. “La Antártida en la Literatura Argentina. Entre el sueño edénico y la reafirmación soberanista

(http://revele.uncoma.edu.ar/htdoc/revele/index.php/Sociales/article/view/1777/1798)