INGENIO AZUCARERO “SAN LORENZO”

30 DE MAYO 2019 – A 90 AÑOS DE SU INAUGURACION

Por Inés Luna (*)

Esta empresa fue el gran proyecto de un joven Contador Público: Benito Lorenzo Raggio (que estudió en Suiza e Italia hasta lograr su título profesional), con una formidable “visión de futuro”. Sus padres, gente de muy buen nivel económico, lo ubicaron en un importante comercio de “ramos generales” de su propiedad; pero él lo rechazó por no sentirse cómodo. Dentro suyo se gestaba una idea genial, “el azúcar de remolacha y una cadena de Ingenios”, que harían progresar una amplia zona rionegrina y cambiarían la historia del azúcar en el país. A tal fin convocó a su amigo Juan Pegasano, quien tenía tierras en este rincón de Rio Negro y se unió al proyecto con entusiasmo. Eligieron Conesa, en medio del monte virgen, para su Ingenio piloto.

En la década del 20, con mucha rapidez, se hicieron los estudios de la tierra; comprobando su enorme fertilidad. Luego vino la instalación de lo que sería la fábrica. En los proyectos involucró mucha gente; a la que luego se fue sumando mucha más.Las máquinas fueron traídas de la fábrica Skoda (Checoslovaquia). Se convocó a una compañía constructora y sus contratistas fueron los Sres Staco y Antonini. La empresa se llamó “Compañía Industrial y Agrícola San Lorenzo”. Fue el emprendimiento más importante de nuestro Valle, sin lugar a dudas; trajo un gran progreso, los primeros camiones, modernos vehículos, teléfono y hasta los primeros sanitarios. Se construyeron edificios para la fábrica, galpones, taller, casa de administración, portería, viviendas prefabricadas para los técnicos y administrativos, etc.

Así nació la colonia San Lorenzo, con un conjunto de viviendas: comisaría, casa del comisario, farmacia, un hotel, almacén, viviendas para las familias de los empleados, comercios, laboratorios, etc. Todo se concreta muy rápido. Mientras tanto, en colonia La Luisa, que pertenecía a la familia Raggio, surgía el casco patronal rodeado luego de grandes árboles (200 pinos y 200 eucaliptus) y hermosos jardines. Además se construyen viviendas en las parcelas que serían el hogar de los empleados rurales; éstas contaban con las mismas comodidades que las prefabricadas de San Lorenzo, un hall de entrada y cuatro habitaciones que daban al mismo.El traslado de las pesadas máquinas checas para la fábrica se hizo por ferrocarril hasta S.A.O. y desde allí a campo traviesa en camiones Tornicrof con ruedas orugas y acoplados con ruedas macizas (vehículos más tarde utilizados para los traslados de la cosecha).

Una vez terminada la obra, se realizó la inauguración oficial el 30/05/1929. Para tal ocasión se invitó a altas autoridades nacionales que viajaron en un tren especial hasta Patagones y allí los esperaban en automóviles que los trasladaron hasta Conesa. Se hospedaron en las instalaciones de la Empresa, donde fueron agasajados por los dueños y un ejército de empleados preparados para la ocasión. Conesa floreció como por arte de magia. Se multiplicaron los comercios y la construcción de edificios públicos en su zona urbana; como comisaría, correo, escuelas, etc. El progreso invadía todo; había trabajo, había alegría. La colonia San Lorenzo parecía un pueblo con sus diversas construcciones y mucha gente trabajando. También en colonia San Juan el casco agrupaba viviendas y comercios en torno al chalet del dueño de las tierras, Juan Pegasano, socio y amigo de Benito Raggio. Don Juan en el año 1933 edificó una Capilla en lo alto de la barda, en agradecimiento por las buenas cosechas y en honor a su madre doña Florentina. Hoy el oratorio alberga a la Virgen Misionera de Rio Negro.

El riego en las colonias

Los establecimientos La Luisa y San Lorenzo contaban con dos “bocatomas” respectivamente para extraer el agua del rio. En La Luisa, con dos motores Mercedes Benz de cuatro cilindros y 2 bombas de un millón y medio de litros cada una; y en San Lorenzo, con tres bombas: una de 800.000 y las otras de más de un millón. Todas estaban aproximadamente en los cuatro millones de litros por hora; nos recordó don Lorenzo, hijo de don Benito Raggio, en una entrevista.

Ante la falta de transporte y cuando la producción se acrecentaba a pasos agigantados, don Benito Raggio propone a Ferrocarriles un ramal ferroviario Patagones –Conesa. Al no ser escuchado, la empresa “San Lorenzo” ofrece al Ferrocarril del Estado hacer un ramal trocha angosta, desde la estación Winter (107 kms) pasando por una Estación llamada El Triángulo y el Ingenio en colonia San Lorenzo. Una segunda Estación frente a la zona urbana de Conesa; y de allí a la que llamaron “Francisco Sosa” (Estación punta de rieles) en colonia San Juan. La obra ferroviaria se lleva a cabo por cuenta y cargo de la compañía “San Lorenzo”. Con la condición que Ferrocarriles devolvería el dinero transportando todas las necesidades de la empresa sin costo, empezó a funcionar en el año 1933. Cabe la aclaración que luego del cierre forzado de la Fábrica en 1941, Ferrocarriles cumplió con el compromiso de devolver la inversión a la empresa recién en el año 1955 “sin reconocer intereses ni devaluaciones de moneda”, según lo recordó don Lorenzo Raggio; quien nos agregó detalles.

El error de Benito Raggio

Se sembraron cientos de hectáreas de remolacha azucarera en las colonias conesinas y en Colonia Frías, de secano, todas con un rendimiento asombroso.En el año 1935 se logró la mayor producción con una molienda que superaba las 32.800 toneladas. La euforia del logro hizo que Benito Raggio cometiera el grave error de manifestar públicamente el gran proyecto a futuro de la empresa. San Lorenzo era un Ingenio piloto; luego vendría el de ChoeleChoel, el tercero en Viedma y un cuarto emprendimiento en Balcarce (Buenos Aires). Al enterarse la competencia, desató el enojo del poderoso monopolio del azúcar del norte.No se había terminado aún el Ingenio San Lorenzo y ya empezó el revuelo. Lorenzo Raggio continua diciendo: “El que preocupaba no era el Ingenio conesino con 100.000 bolsas como máxima producción, si no los ingenios posteriores que funcionando implicaban unos 800.000 bolsas copando el mercado, porque la zona era óptima.Al contrario, Tucumán y Salta no son el lugar ideal para la caña de azúcar”.

1935: la mayor zafra y la peste 

Luego de la mejor zafra, con una molienda de remolacha azucarera de 32.812 toneladas, con un rinde de hasta 80 toneladas por hectárea en el Valle de Conesa, comienza a aparecer (¡¡oh casualidad!!) una peste en las plantas, que se marchitan y mueren.En ese tiempo en el Sur de EEUU había cultivos de remolacha afectados por un virus, por lo que al enterarse del problema en Conesa, llegó gente del Ministerio de agricultura y ganadería de ese país para examinar. Se descartó la idea de similitud, el virus no era el mismo, pero nunca se descartó que fuera “intencional”. Pero sí fue intencional, según Lorenzo Raggio, la explosión de la caldera que le costó la vida a un joven que acababa de ingresar al trabajo, el día 3 de julio de 1940. El fallecido se llamaba José Kremecek, contaba con 36 años de edad, tenía esposa y un bebé de tres meses. Quedó con heridas graves el peón Antonio Ayerza.Mientras tanto una “ley nacional” le fijaba un cupo de azúcar con la clara intención de perjudicar al Ingenio conesino.

Con los investigadores de Norteamérica vino el Ingeniero Munk – continua diciendo Lorenzo Raggio- “quien lleva todos los datos a su país, investiga y envía una carta a nuestra empresa azucarera, diciendo que en dos años resolvería el problema enviando la “semilla resistencia”. En reconocimiento a ese Ingeniero (dice en los libros universitarios) la enfermedad que atacó nuestra remolacha se llamaba “marchitamiento amarillo de Munk”; el nombre de  quien lo descubrió”.

La compañía se vio abrumada, acorralada por todos estos problemas, limitada según la ley y el virus que había que soportar dos años más. De pronto el detonante mayor: la explosión “intencional” de la caldera que causó la muerte de José Kremecek. Y el peor agravante: que el hombre “motor” de la empresa, don Benito Raggio, se encontraba en cama a consecuencia de un gravísimo infarto y soportando amenazas al igual que todo el directorio, quienes aterrados le pidieron que firmara el cierre definitivo.Ante tanta presión y el pedido desesperado del directorio, ante las amenazas recibidas, Benito no tiene opción y se decide ¡¡cerrar!! en 1941.El Centro Azucarero del Norte compra todo con una condición: “que se destruya el edificio  del Ingenio”, que se le quite el techo al galpón del azúcar y que se dinamiten las viviendas. Además a don Benito Raggio en su lecho de enfermo le hicieron firmar un compromiso que “por diez años no iba a instalar otro Ingenio Azucarero de remolacha”. 

Algunos estaban tristes, el resto aterrados. Querían ¡¡vender!! Este fue el triste final.

(*) Escritora conesina. El texto pertenece a su libro “Vivencias de mi Gente II”.