COMENTARIO DE UN LIBRO RECIENTEMENTE PUBLICADO

“TONS” POR CARLOS NUSS (*)

“Tons”, primera novela del escritor comodorense Carlos Nuss, tiene un especial atractivo que cautiva al lector desde el primer momento. El aura de extrañeza que flota en sus páginas hace intuir, apenas comenzada la lectura, que no se está ante una obra convencional en la Literatura regional. Ambientada en un entorno claramente patagónico y con su argumento arraigado en la mitología tehuelche, avanza en una universalización del tema que trae a la memoria el empleo que hace el poeta Robert Browning del austral dios Setebos, al que conoció a través de Shakespeare. Así como Browning convierte a Setebos en un arquetipo de la religión elemental surgida de la contienda entre la humanidad y la naturaleza, Nuss transforma a Tons, una de las cuatro deidades guenena kenk que fundamentan su historia y cada una de las cuales da significativo título a sus capítulos, en un símbolo de la obscuridad que el ser humano encierra en su interior – pero no a tanta profundidad – y que surge en forma de violenta sevicia ante determinados impulsos.

La nouvelle desgrana a lo largo de sus hojas una trama que fluctúa entre la ficción fantástica y la realista, creando una interesante ambigüedad en la cual el lector puede elegir la interpretación que más le quepa a su temperamento. ¿Es Juan un maniático psicópata cuya patología, oculta hasta ese momento pero entrevista en su recurrente intolerancia, surge a partir de los daños sufridos en un accidente que, como efecto colateral, lo libera de ciertas ataduras culturales? ¿O tiene razón Quelín, su enigmático compañero de trabajo, y el latebroso Tons, al estilo de una pesadilla de Howard Phillips Lovecraft, surge del averno en forma de lengua de lodo y petróleo; para hacer al incauto operario agente de sus intenciones y de tal manera desparramar la obscuridad en el mundo? ¿Son sus aterradores sueños las pesadillas de un lunático o es realmente Tons quien despierta en su mente los recuerdos atávicos de visiones de un mundo olvidado en la bruma del tiempo?

Y esta última consideración lleva a sopesar otro de los aspectos que el autor quiere resaltar en su obra: la presencia de los sueños. De hecho, en las citas introductorias de Aukanaw, Lidia Nakashima y David Aniñir, aun antes de desarrollar por boca de Arnoldo Canclini la leyenda que señala el núcleo duro de su creación, coloca tres frases referidas a las visiones oníricas que asaltan al durmiente; remarcando la importancia que les otorga en sus páginas. Allí aparecen recurrentes las alucinaciones nocturnas de Juan sobre los gigantes que salen de la tierra. Si el lector admite la versión “realista” de la narración, el psicólogo Lagarde, terapeuta de Juan, debería interpretar el sueño según la escuela de Sigmund Freud; para buscar un argumento que aclarase el trastorno del petrolero. Pero si opta por la definición “fantástica”, el sueño debería ser visto a través de la óptica de Carl Jung; y sería inexplicable, porque no revela los delirios del soñador sino que surge del sustrato más profundo de su inconsciente. Sin embargo, en la novela los sueños de Juan comienzan a mezclarse con la realidad; situación que adquiere una dimensión monstruosa e inquietante en el último párrafo de la obra, que la cierra en forma impecable y le da un impensado aspecto de thriller.

Más allá del desarrollo de su trama principal, la novela abunda en la exposición de diversos pensamientos y reflexiones sobre distintas situaciones de la vida y la condición humana. Algunas sobre las relaciones interpersonales teñidas de violencia, que se contagia como una perniciosa enfermedad; otras sobre los intrincados recovecos de la psiquis… Por ejemplo, cuando en uno de sus soliloquios Lagarde piensa:

“Estudiar psicología le había ayudado mucho a dominar los demonios que, sabía, todos teníamos dentro. “No se puede curar a nadie”, había aprendido de Freud. Es por esto que sólo otorgaba placebos, diagnosticaba. O conducía, trataba que el enfermo descubriera por sí mismo lo que le aquejaba.”

Y más adelante agrega:

“Enfrentar el corazón de un hombre en donde todas las direcciones apuntan hacia la angustia es un camino de oscuridad; y una caída en las sombras puede llegar a no tener final.”

Pero estos contenidos incorporados, que aparecen entremezclados en los diferentes monólogos, diálogos y párrafos descriptivos —acertados recursos del texto que otorgan riqueza y agilidad discursiva a la prosa—, no son digresiones del autor. Forman parte del sentido de la obra que, en su conjunto, es una parábola sobre la crueldad implícita en el ser humano. La obscuridad buscada por Quelín, infaustamente encontrada por Juan y sólo vislumbrada por Lagarde, aunque sufre sus coletazos, puede ser la imagen del mal en su más pura expresión; las tinieblas primordiales, básicas, que acechan al universo. Pero también puede ser la ausencia de luz que se oculta en cada sujeto. Tal vez esa sombra individual sea un trozo fractal de la negrura absoluta. Porque a lo mejor son lo mismo.

“Tons” es una destacable novela. Futuras obras de este escritor que persistan en la misma profundidad psicológica y en la búsqueda de argumentos de tono regional, pero que a la vez avancen sobre una problemática general; acompañadas de ese estilo que lo caracteriza y que permite una lectura amena de sus letras, aportarán, sin dudas, una contribución de gran valor para el género narrativo de ficción de la Literatura Patagónica.

(*) “Tons”. Nuss, Carlos. Editorial Cooperativa de Comunicación y Cultura “El Miércoles”, Concepción del Uruguay, 2018. Fotos de Nuria Nuss.