COMENTARIO DE UN LIBRO RECIENTEMENTE PUBLICADO

“EL REY DEL AZAR” DE ANGELINA COICAUD – COVALSCHI (*)

Para degustar por completo la esencia intrínseca de «El rey del Azar», la más reciente novela de Angelina Coicaud – Covalschi, hay que llegar al final; faena que gracias a la agilidad que la autora brinda al texto mediante los capítulos cortos, las frases breves y el lenguaje llano, no es engorrosa sino, por el contrario, muy placentera. Su remate es abrupto y se resuelve en una sola línea; pero se preanuncia, con una alteración del ritmo de la narración, desde las últimas cinco o seis páginas. En esas hojas se suceden las revelaciones, algunas explícitas, otras sugeridas, que aportan la información necesaria, oculta hasta ese momento, para redondear el relato.

Aunque parezca un oxímoron, la novela tiene dos protagonistas, José y Vicente, Vicente y José. Se conocen desde la infancia. Uno de ellos, José, tiene éxito en los negocios y adquiere fama, poder, dinero; en tanto el otro, Vicente, se transforma en su ladero y confidente; y pelecha a su costado. Sobre esta pareja de personajes son posibles múltiples interpretaciones y parecería que la autora juega con todas ellas. Quien descubre uno de esos puntos de vista es Rubén Eduardo Gómez, autor del excelente “posfacio” que cierra el ejemplar. Según el comentarista “… en definitiva no es la historia de José sino la de Vicente que, como la de muchos, suelen crecer a la sombra de aquellos que sí tienen notoriedad”.

La estupenda tarea de Angelina fue decodificar la tortuosa personalidad de Vicente, del segundón; porque la de José, directa, llana, allende los vericuetos normales de toda psiquis, es más fácil de entender. La actitud de Vicente en su relación con José adquiere una multiplicidad de facetas que va y viene de la admiración a un odio callado, ronco… A medida que avanza la obra, se descubre cómo, acuciado por esta ambivalencia, Vicente busca identificarse con su exitoso compañero de andanzas; y termina haciéndolo mediante una literal metamorfosis, una transformación incluso física, que lo lleva al desenlace inesperado.

La autora sabe mucho de psicología. Por eso el retrato de la personalidad de Vicente es preciso y, con seguridad, fidedigno en relación a la constitución anímica de los individuos que presentan este tipo de comportamiento. También es rigurosa la descripción de la relación entre ambos compinches. Si bien se los tilda de “amigos”, no presentan un verdadero vínculo de ese tipo. Siempre hay pendiente una tirantez y un tácito reconocimiento de que en realidad son competidores; y cada uno se cree superior al otro. José lo expresa con sus actitudes. Vicente, obligado por la imposibilidad de manipular al otro, lo demuestra con sus pensamientos; que se precipitan a medida de que se acerca el final. Por ejemplo, en este párrafo Vicente muestra su convicción de ser utilizado por su presunto benefactor:

“Vuelve a colocarse los auriculares. Es su modo de informar que se retira a su mundo. ¿Por qué me habrá elegido? Lleva la mitad de la vida formándome. ¿Será una de sus apuestas? Quizá fui un nombre en un pliego de licitación y aquí quedé, estampado para siempre.”

En tanto, en el siguiente fragmento, se descubre su doble faz; ninguna de cuyas caras es auténtica; ya que no es ni líder ni liderado, sino un apostador solitario que busca ganar su juego:

“Sé exactamente cuándo debo callar. Con José se juega a dos puntas. Por un lado hacerle creer que me encamino hacia el liderazgo, visualizo metas y me preparo para hacer crecer la organización. Por otra parte, lo tranquilizo con la idea de que es el único líder. Nadie, ni siquiera su fiel croupier, le haría sombra.”

A los libros hay que leerlos completos, desde la dedicatoria, en este caso de orden familiar; pues por algo el autor quiere dar a conocer esa intimidad que ha formado parte de su proceso creativo. También hay que detenerse en las citas introductorias al inicio del volumen. La frase elegida por la autora, de George Steiner, dice “El paisaje de la realidad es provisorio”. Su enunciado da pié para el breve exordio que incluye a continuación: “Villa Gaviotas es el nombre de fantasía de una ciudad pequeña. Aquí las historias de sus vecinos trasfunden su débil realidad con brotes de fantasía. “El Rey del Azar” camina esta realidad provisoria”.

La autora quiere así remarcar que la obra se trata de “una novela de ficción”. Más allá de algunas similitudes con la vida real, es un producto de la imaginación; con tan sólo una amortiguada presencia, un reflejo atenuado, de las vicisitudes de alguna localidad que existe y sirve de marco a la historia. Es importante la aclaración, porque la ambigüedad generada por la información virtual que circula actualmente por la red, que demasiadas veces mezcla fantasía y realidad, mentira y verdad, podría inducir a que algún lector desprevenido tome por cierto lo que es pura inventiva de la escritora para entretener o hacer meditar sobre la complejidad de las relaciones humanas.

Impreso por Vela al Viento, el volumen tiene imagen de tapa de Alejandro González. La edición es muy cuidada. En una de sus solapas podemos leer que esta novela es la décima de la autora; a lo que se suman sus dos primeras obras: un poemario y un volumen de cuentos. Tal corpus habla de una sólida carrera literaria, no sólo por la cantidad de creaciones de peso, sino por la calidad artística de ellas; que agregan valor a la Literatura Patagónica. El texto que motiva esta nota es un ejemplo de esa valiosa obra. Se comenta que la autora se encuentra por estos días dedicada a la creación de otra novela, que sería llamativa y de fuste. Después de leer “El Rey del Azar”, sin dudas el lector esperará con ansias esa nueva obra de Coicaud – Covalschi; para continuar disfrutando de su escritura, intimista y reflexiva, motivadora y atrayente.

(*) Angelina Coicaud – Covalschi. “El Rey del Azar” (Ediciones Vela al Viento, Comodoro Rivadavia, 2019).