CRÓNICA DE UN DÍA DE VERANO

Por Gladis Naranjo (*)

   Se quema el mediodía sobre los tamariscos

y madura en las dunas marcando dentelladas.

Un sol quieto golpea en la arena dorada.

Reverbera a lo lejos desterrando escondrijos.

   Naufragios de aguas vivas en busca de espejismos

se secan en la orilla como perlas gastadas 

y dejan en la playa manchas tornasoladas:

son los residuos mudos de su tedio infinito.

   En el mar las gaviotas posan su algarabía.

Multiplican reflejos bajo las alas blancas.

Del norte el viento sigue construyendo utopías.

   El faro centinela fantasmal se agiganta.

El océano antiguo canta su letanía.

Mi sombra, perezosa, se acurruca a mis plantas.

(*) Escritora nacida en Neuquén y radicada actualmente en Claromecó, provincia de Buenos Aires. Este poema recibió la Primera Mención en el Concurso Literario de la filial SADE de Baradero – San Pedro.