SIEMPREVIVA


Por Magdalena Pizzio (*)


 En la buhardilla de mis sueños

recorro el jardín de la infancia

con las manos abiertas al susurro

del aura en el rubor de las plantas.


Sangre amor, rojo rosal del muro

perfume que acarició mi alma

cabellera nívea de azares 

y un limonero trepando descalza.


Aún veo la sombra contra la ventana

con sonrisa tierna cose y canta

su corazón teje pimpollos enamorados

que la madreselva, afuera, atrapa.


Sólo quedan las paredes vacías

ni una foto tampoco estampas

mientras el lucero me mira arriba

con sus ojos de fría plata.


En la muralla atemporal del tiempo

me visita su ángel fantasma

coronada de capullos y rocíos

siempreviva, jardín y nácar.


(*) Escritora neuquina. Este poema fue tomado de su libro «Laberinto entre la vida y la muerte»(Imprenta La Piedad, Bahía Blanca, 2009).