CRIMEN IMPUNE

Por Martha Perotto (*)

A principios del siglo pasado un hecho marcó al pueblo: una muerte violenta se había producido y las circunstancias llevaron a pensar que el asesino pertenecía a la pequeña comunidad.

“Alguno de los nuestros es un asesino”.

Después hubo un momento de terror y también de distensión cuando se comenzó a hablar de un espectro. La primera vez, la fantasmal aparición había asustado a las viejas que iban a vender sus productos al mercado; luego se supo que había subido a la torre de la iglesia haciendo sonar las campanas a todo vuelo a las tres de la mañana. Los vecinos habían corrido hacia el templo con velas en la mano, todavía en camisón, Cuando llegaron, el espectro había desaparecido. 

Todos murmuraban que si el fantasma existía, era probable que él hubiera cometido el asesinato.

Después… después el tiempo pasó; el muerto fue olvidado, pero el espectro jamás.

Sin embargo, alguien sonreía a escondidas cuando escuchaba la historia y se felicitaba por haber sido tan ingenioso. “Tienen razón, el fantasma y el asesino somos la misma persona”.

(*) Escritora de El Bolsón. Este cuento fue tomado de su libro “En la variedad está el cuento” (Imprenta “La Loma”, El Bolsón, 2011).