COMENTARIO DE UN LIBRO RECIENTEMENTE EDITADO 

(EN FORMATO DIGITAL)

«LA CIUDAD, DESPUÉS…» DE LUIS FERRARASSI (*)

El género fantástico no es uno de los más presentes en la Literatura Patagónica. Si bien existen algunos ejemplos, y de gran calidad literaria, son pocos los escritores regionales que lo adoptaron en forma exclusiva. Uno de esos cultores es el autor riogalleguense Luis Ferrarassi, quien lo ensayó en sus volumenes de cuentos «Ruinas del alma» y «Tempestades, penumbras y tinieblas» (inedito; aunque algunas personas, como este comentarista, tuvieron el gusto de leerlo por adelantado); y en su novela «La Santa Cruz de Hielo». Ahora lo vuelve  a utilizar en su último libro, «La ciudad, después…», editado en formato digital. El volumen, subtitulado «Algunos cuentos y 14 micro relatos», presenta obras que giran de una y otra manera alrededor del tema de una ciudad -Río Gallegos- que por una extraña circunstancia muta, se mueve sobre sí misma, desaparecen algunos lugares y aparecen otros. El tema de las ciudades inquietas ya había sido tomado por Ferrarassi en su anterior relato «Día de Niebla», donde la localidad maldita de «Cabo del Atlantico» revive un sólo día al año.

Los cuentos, veinte en total, van desde el terror («Hospitalidad», «Hacia adelante», «La respuesta», «Espectros», «Un fugaz viaje al antes» ) y la ciencia ficción («Una visita a la madrugada», «El peso del pasado»); a la fantasía épica («21 plegarias») y maravillosa («Ese día», «El puesto vacante», «Alas blancas», «Mar y nubes»). «El tren que se llevaba todo», continuado en «Los espíritus presentes», desarrolla el eje central de la obra; la trastocada ciudad. Empieza así:

«Otra vez sucedió. 

Estaba durmiendo entre los escombros de un viejo edificio construido en un tiempo en el que yo no vivi, cuando el suelo temblo y paso, como una ráfaga, el tren. Cada vez que sucedía,  los pocos pedazos de hormigón que aguantaba el peso y la atracción de la gravedad, se agitaban y caían. Lo que caía era más que algo creado por el hombre, era un poco más de cordura que se iba.»

Los argumentos de estos textos fueron inspirados por escenas de películas, fragmentos literarios, los propios fantasmas del autor…  sin embargo, cualquiera que sea su génesis, su contenido revive pesadillas; de esas que nadie quiere tener. Un ejemplo es el extraño cuento «La colina del árbol milenario», que se inicia de esta manera:

«Ya van tres semanas de sequía. La tierra arrugada y polvorienta sólo nos da de comer gusanos resecos. Hemos caminado kilómetros para llegar al árbol de la colina. Un viaje de dos meses empujado por el hambre y la desesperación.

Los carruajes están repletos de muertos. Muertos viejos. Muertos nuevos. Quienes caminan por delante serán los muertos futuros».

A ese ambiente lúgubremente onírico se le agrega el impiadoso tratamiento que el creador da a sus personajes. No tiene concesiones hacia ellos, que sufren los peores finales («Una de superhéroes», «Incredulidad»), quedan en un estado de duda peor que la muerte («La batalla inconclusa»); o sufren vivencias que los dejan al borde de la demencia  («El hombre bajo la manta». Esta narración continúa una historia anterior de Ferrarassi, «Fulano», pero puede ser leída con prescindencia de ella).

Los catorce micro relatos son catorce buenos ejemplos del género.  En su breve extensión desarrollan un argumento completo.  Hacen acordar en algo a la obra «Hongos de Yuggoth» de Howard Phillips Lovecraft, uno de los escritores favoritos del autor, cada uno de cuyos poemas -con el formato de un soneto tradicional-, desarrolla un cuento fantástico. Los micro relatos son turbadores. Algunos siniestros,  otros poéticos, algunos paradójicos, otros apocalípticos, todos presentan ingeniosas y breves situaciones que, con pocas palabras, azoran al lector.

La edición digital es del propio escritor, quien se encarga también de su difusión. Las expresivas y sugerentes imágenes de la portada y contraportada son del artista plástico Nippur de Lagash. El libro está dedicado al «Concilio de Neneo: Gaby. Moro. Hugo. Seb»; y lo encabeza una frase de la novela «La Cúpula» de Stephen King, otro de los literatos preferidos del riogalleguense, en total consonancia con la obra: «Así es como acaba el mundo, no con una explosión sino con un jadeo».

Publicar en formato digital es una buena idea para lanzar un libro y ver su resultado. La edición de una nueva obra constituye una esperanza plena de incertidumbre. Al recurrir a las facilidades que brinda internet,  la incertidumbre se reduce un tanto; por la posibilidad de llegar a un universo de lectores mayor del que permite una publicación tradicional. Aún así, este libro podría tener una versión en papel, que los bibliófilos agradecerían para poder atesorar el volumen en sus bibliotecas, quizá incluso autografiado por el autor, y disfrutarlo cada tanto sin necesidad de «conectarse».

J.E.L.V.

(*) «La  ciudad,  después…». Ferrarassi, Luis. (Río Gallegos, edición del autor, 2020). Mail del autor: luisferrarassi@gmail.com