PRÓLOGOS

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

El prólogo y la nota son al género didáctico lo que el cuento a la narrativa de ficción. Por prólogo, prefacio o proemio, se conoce al ensayo corto cuyo tema es el libro que encabeza y, por consiguiente, su autor. Maestro de la brevedad, Borges también lo fue del prólogo, e introdujo con sus palabras las ediciones de más de cien obras de la Literatura universal. Dos volúmenes reúnen esta copiosa producción. En «Prólogos con un prólogo de prólogos», el autor juntó varios proemios escritos entre 1923 y 1974 y les anexó, a su vez, un prefacio. Allí dice:

Creo innecesario aclarar que «Prólogo de Prólogos» no es una locución hebrea superlativa, a la manera de «Cantar de Cantares»… «Noche de las Noches» o «Rey de Reyes». Tratase llanamente de una página que antecede a los dispersos prólogos elegidos…. Una suerte de prólogo, elevado a la segunda potencia…. Que yo sepa, nadie ha formulado hasta ahora una teoría del prólogo. La omisión no debe afligirnos, ya que todos sabemos de qué se trata. El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género…»

A su muerte, Borges se encontraba seleccionando una colección con criterio personal para una editorial. Los prólogos que escribió fueron reunidos en el volumen «Biblioteca Personal. Prólogos», con un prolegómeno de su mano que incluye la conocida reflexión sobre la lectura y la escritura:

Los profesores, que son quienes dispensan la fama, se interesan menos en la belleza que… en el prolijo análisis de libros que se han escrito para ese análisis, no para el goce del lector. La serie que prologo y que ya entreveo quiere dar ese goce… «Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer», dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector.

Es justamente Borges quien introduce un libro de temática patagónica. Se trata de «El médico nuevo en la aldea», de Ernesto Serigos; un relato de las vivencias del autor como galeno en Bariloche, a principios del siglo XX. Así se inicia el introito: “El médico nuevo en la aldea” –tal el modesto y casi invisible título de este libro–, refiere con evidente sinceridad hechos verdaderos, que unen a su valor narrativo el de ser rasgos o atributos de un alma noble. Y lo finaliza: Me honra estampar mi nombre en esta página inicial, junto al de un argentino que en nuestro siglo XX se ha consagrado a mitigar o a sanar los males humanos y a la preciosa y denodada tarea de seguir explorando y descubriendo un confín de la patria.

Otra obra ambientada en el sur con prefacio de un escritor famoso, es «En el Mar Austral», de Fray Mocho (José Álvarez). La introduce Roberto Payró, con una epístola que dice siguiente:

Acabo de terminar un examen de su libro, necesario para formar juicio exacto acerca de él… Y no sé por qué me encuentro con la pluma en la mano, escribiéndole esta carta, yo que soy tan poco aficionado al género. Para tal resultado han debido mediar circunstancias especiales, y ser la obra sujestiva en grado sumo. Lo es por su misma objetividad, y médian esas circunstancias especiales, pues vuelvo de las regiones que Vd describeSus cuadros son completos, vivos, palpitantes de verdad, y están pintados con el arte instintivo é invisible en sus quilates del verdadero poeta y del escritor de raza. Todos sus lectores sentirán ante ellos la misma impresión que yo, y verán por intermedio suyo y tras los negros renglones del libro, aquella tierra extraña y aquellos hombres más extraños aún.

A su vez, el clásico texto de Payró, «La Australia Argentina», tiene prólogo de otro literato, aunque no fuera su faceta principal: Bartolomé Mitre. El célebre político y militar, introduce la crónica del periplo austral, también por medio de una carta, con las siguientes palabras:

He seguido día a día, con creciente interés, la lectura de las páginas que ha publicado Vd. en el folletín de La Nación, sobre, «La Australia Argentina»… Sus páginas sueltas, popularizadas por el diarismo, serán leídas y estudiadas con provecho por propios y extraños, cuando se presenten al público en la forma definitiva del libro, por cuanto satisfacen una necesidad vital. No basta ser dueño de un territorio rico, si el hombre no se identifica con él por la idea y lo fecunda por el trabajo, y sobre todo si el libro no le imprime el sello que constituye como un título de propiedad… Por esto su libro, como comentario de un mapa geográfico hasta hoy casi mudo, importará la toma de posesión, en nombre de la literatura, de un territorio casi ignorado, que forma parte integrante de la soberanía argentina

Cabe recordar que Mitre tuvo contacto con la Patagonia en su niñez, pues vivió en Carmen de Patagones; donde su padre ejerció como tesorero del fuerte hasta 1827.

Los exordios citados hasta ahora, provienen de autores de fuste. Pero tal vez uno de los más enjundiosos de estos estudios preliminares, sea anónimo: el que el ignoto editor del «Diario del Viaje al estrecho de Magallanes» de Pedro Sarmiento de Gamboa, colocó en su publicación en 1768. La introducción, firmada tan sólo por «El Editor», incluye un sesudo comentario sobre la obra principal, una explicación de la inclusión en el volumen de otros textos relacionados; y un objetivo estudio sobre el mito de los gigantes patagones. Pero también en el párrafo inicial señala el motivo que lo lleva a publicar la obra:

Entre los Manuscritos de la Real Biblioteca existe un Exemplar original de la Relación y Derrotero del Viage y Descubrimiento del Estrecho de Magallanes por la Mar del Sur a la del Norte, que hizo y escribió el Capitán Pedro Sarmiento de GamboaYa se halla el Público noticioso del aprecio que esta Obra merece, por el Extracto o Compendio que de ella sacó la diligencia del célebre Cronista y famoso Poeta Aragonés Bartolomé Leonardo de Argensola, en su Historia de las Islas Malucas, tan felizmente escrita: y si por una parte Testimonio tan autorizado acreditaba sobradamente la identidad de este Escrito; por otra la suma Exactitud con que Argensola nos dio la substancia de él, parecía suficiente para formar idea justa de su contenido, una copia exactísima de aquel Original, me ha determinado a sacar a luz este oculto tesoro, ya sea por lo recomendable que es en sí, ya por la utilidad y lustre que de su publicación resulta a la Nación Española, ya sea por el realce de la gloria que se debe a nuestros Navegantes y Descubridores, ya por la que tan justamente corresponde al mismo Pedro Sarmiento de Gamboa; o ya, en fin, por todas estas causas juntas

El prólogo es el homenaje que un escritor rinde a otro; un tributo en el cual no todas son rosas, ya que a veces el homenajeado recibe alguna espina debido a la honestidad intelectual del prologuista. Este trabajo adquiere un tono especial cuando es el mismo autor del libro quien invita a un colega para que lo presente. Si un literato se aviene a integrar a su obra un texto firmado por otra pluma, es porque quiere que forme parte inseparable de ella. Por eso, quien se disponga a leer un libro de tal tenor, hará bien en comenzar por la lectura del prólogo… venciendo la usual tentación de saltearlo.