VIEJA CASONA DE CAMPO

Por Inés Luna (*)

Vieja vivienda de campo de  familia numerosa,
con el calzado gastado y con las manos callosas.
Detrás  la casa… letrina y el verde tamariscal,
más  allá en los corrales, el caballo con bozal.

Vieja casona de campo que en el recuerdo perdura
el patio lleno de flores y en la quinta las verduras.
Al frente las clavelinas  junto al cantero, el rosal,
la madreselva en el cerco, después del zarzo el peral.

Se oye el chirriar del molino, el viento lo hace girar,
debajo de la morera, cuelga el cinchón de manear.
Del tanque ya corre el agua, es la hora de regar,
el jardín que se humedece y también algún frutal.
 
De madera las paredes y la tabla de lavar,
el fuentón lleno de ropa que solo el sol blanqueará.
Sacar el agua del pozo, con la bomba en el brocal,
el viento sacude la ropa desplegada en el tendal.
 
Con el balde de maíz se alborota el gallinero,
el hacha espera paciente el ocaso en el leñero.
Allá en el horno de barro a pan casero el aroma, 
 y en la cocina de leña, hierve un puchero en la olla.
 
Vieja casona de campo quien te vivió no te olvida,
florido plato enlozado esperando la comida.
Todos rodean la mesa y el silencio se interrumpe,
 solo se mueven cubiertos, comiendo… nadie discute.

El sabor de mostacholes reina en el plato de sopa
y un abundante puchero colma la fuente de loza.
De postre el arroz con leche o compota de orejones,
las sandias en verano con los maduros melones.
 
En la tarde con el mate, remiendos y plancha de brasas,
y la rueca que da vueltas  va  enredando la nostalgia,
el vellón que se convierte en largos hilos de lana,
que dos agujas  transforman en prendas muy abrigadas.

Casona, vieja casona de noches serenas y claras.
Se oye música de grillos y el agua del río que pasa.
Con los ladrillos añosos tu gran familia descansa,
son recuerdos muy profundos “es imposible olvidarla”. 

(*)   Escritora conesina.