INTRODUCCIÓN A UN POEMA

Por Oscar Ferro (*)

Me envolveré en la soledad inmensa
donde yace la esencia del misterio
y se acunan los salmos infinitos
en brazos del silencio…

Y caminando al filo de las sierras,
quiméricas de tonos macilentos,
modular los poemas que se encienden
al paso de los vientos.

Y trémulo de estrellas,
cubrirme del lamento
que musitan los cráneos del arauco
acortando distancias en el yermo
y ensanchando la frente soberana
palpitante de un bárbaro progreso…

Descenderé con grávidas alforjas
sitibundo de luz y de misterios,
hasta el río que enhebra confidencias
en el largo murmullo de sus rezos…
hasta el río que muestra en la pureza
la lima milenaria de su lecho.

¡Oh, la fuerza salvaje
en el filo sajante de los vientos
y la erótica faz de los ocasos
y la escarcha hecha yunque del invierno…!

¡Oh, la fuerza salvaje
que ahuyenta el pensamiento
de los tumbos agónicos que anuncia
la risa descarnada de los ecos…!

El hechizo del árbol y la piedra
con las noches cargadas de sosiego
y la onomatopéyica cadencia
hecha cuita sutil de parloteos…

La aurora que despunta perezosa
alisando el rubí de sus cabellos
en la criba que muestran los sauzales
y que adora su soberbia en los reflejos…

La brisa que despierta entre las ramas
y el río que galopa hacia lo incierto
en el lomo candente de sus olas
tan fecundo en su fuerza y en su celo.

La tarde lloriqueando su cansancio
de limpio pergamino amarillento
sin huellas de trabajo ni de eras,
donde enjugan su rostro los labriegos.

¡¡¡Oh, la quietud inmensa
que guardan los ajuares en el tiempo,
y estas tierras que vibran en su entraña
bajo el tibio besar del Río Negro!!!

Me envolveré en la soledad inmensa
donde yace la esencia del misterio
y se acunan los salmos infinitos
en brazos del silencio…

Y al retumbo del cuero de las cajas,
descender los peldaños en el tiempo
y en sombras que se ahuecan en el valle
hundir mi pensamiento.

Aprender cómo riman estas sierras
con bíblica comba de los cielos,
como mueren los cantos de las aves
en las tardes silentes de lo inmenso…

Qué se cuentan los árboles del valle
cuando juntan sus frondas en un beso.
Por qué retuercen silbos las cavernas
con la brisa que presta sus alientos,
y en el grito nocturno de los búhos
descifrar los anuncios lastimeros
a la luz de la luna adormecida
en la faz platinada de los cerros…

Detener mi premura de poeta
en leyendas de lacios cuchicheos,
las mismas que se cuentan por el valle
cuando tiemblan las hierbas en el tedio.

Y al conjuro del astro agonizante
Haciendo brasas su fulgor primero
¡¡¡medir la soledad que se estremece
en el lento llorar de nuestros cielos!!!

Y ahora alcanzar los horizontes
en el híbrido empuje de los vientos
para ver en la aurora los alumbres,
de una tibia esperanza en los anhelos.

¡Aquellos que forjaron heroísmos
en el alma purpúrea del labriego!
¡Aquellos que trajeron los colonos
trocándose en cendales de progreso!

¡¡¡Y luego, despojado de atavismos,
sentir el valle palpitante y regio
ciñendo la cintura de mi patria
con brazos de progreso
forjados con racimos,
aromas y fermentos
y hechizo de ansiedades
que columpia el grandioso Río Negro!!!

(*) Escritor rionegrino, ya fallecido. Fue docente. Integró el Centro de Escritores Patagónico, creado en 1983. Este poema se tomó del libro “Brisas del Sur” (Edición de los autores, Bahía Blanca, 1986); que escribió en coautoría con Lily de Paterson y Mónica Morris.