“EL SINIESTRO DOCTOR MORTIS”

UN HOMENAJE A SU CREADOR, JUAN BAUTISTA MARINO CABELLO, a 13 años de su fallecimiento (*)

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

El género de terror atrae a un amplio público. Quien lo escribe tiene que ser un agudo psicólogo, pues debe hallar el adecuado y sutil mecanismo que, mediante sus palabras, genere en el espíritu del lector una sensación de pavor. Inspirados autores ensayaron esta variante, aportando un significativo corpus a la Literatura universal. Sus obras no pierden vigencia; y basta leer uno de estos libros para percibir el placentero escalofrío que otorga la buena narrativa.

Con el surgimiento y avance del cine, el terror se trasladó a la pantalla grande; que de igual manera produjo obras maestras en su clase. Sin embargo, las películas tienen una ventaja sobre el texto: el impacto visual. Claro que esto se presta para el abuso chabacano; porque puede recurrirse al golpe bajo de sorprender al espectador con una imagen truculenta, acompañada de una variación en el volumen o el tipo de música, para causar un repelús y el grito fácil.

También en el teatro se han ensayado las piezas “de miedo”. Sin embargo, sobre el escenario no se cuenta con todos los arbitrios cinematográficos; tal como los efectos especiales obtenidos con computadora. Por ello, resulta un desafío más difícil asustar al espectador; y se necesita de virtuosos actores, cuya representación sea convincente y suscite el espanto en la platea.

Sin embargo, hay una variedad de la dramaturgia que ni siquiera puede apelar a lo visual; y requiere que la acción y el escenario sean imaginados a través de las voces de los intérpretes, de la música y de los ruidos que genera el sonidista: el radioteatro. Éste fue el medio al que recurrió el escritor que es motivo de esta nota para sobresaltar a su audiencia; y en su búsqueda de los artilugios que le permitiesen provocar la piel de gallina y erizar los pelos de sus radioescuchas, creó uno de los personajes más famosos de la ficción de terror: el siniestro doctor Mortis.

Juan Bautista Marino Cabello nació en Punta Arenas, el 7 de septiembre de 1920. Vivió en el país vecino, primero en su ciudad natal; y luego en Puerto Natales y en Santiago de Chile. Hacia mediados de la década de los 70 se radicó en Comodoro Rivadavia; y más tarde se trasladó a Trelew, localidad en la que residió hasta su fallecimiento, el 12 de junio de 2007.

Además de desarrollar diversas tareas laborales a lo largo de su vida, acompañando siempre a su trabajo como locutor y conductor radial –por ejemplo, en Trelew tuvo a su cargo varios programas de radio–, fue un artista multifacéticoe inspirado. Incursionó en dos disciplinas; la Música y la Literatura. En la primera, tuvo una actuación destacada como ejecutante, compositor y director de orquesta; una trayectoria que muestra muchos logros y cuya descripción requeriría por sí sola una nota exclusiva. Pero como este sitio trata sobre las letras, luego de dejar señalada la heterogeneidad de su talento, se abocará a comentar la faceta literaria.

En 1945, Marino Cabello se encontraba en Punta Arenas. Allí acostumbraba a escuchar un programa de la BBC de Londres, en el cual Boris Karloff narraba cuentos tradicionales de horror. El imaginativo creador pensó que si agregaba a ese formato más actores y recursos sonoros adecuados, podría producir una obra que infundiese el pánico a más de un oyente. Y no se equivocó. El radioteatro “El siniestro doctor Mortis”, que tomó el nombre del protagonista y cuyos guiones escribía su inventor, se transformó en un éxito radial que duró hasta 1982.

Fue tal la magnitud de ese suceso que, hacia 1965, la conocida editorial chilena Zig Zag llevó los argumentos de Marino Cabello a esa vertiente literaria sobre la que hay mucho para hablar, la historieta. A lo largo de varios años se publicó la revista “El siniestro doctor Mortis”, que incluía un episodio de la serie teatral en cada ejemplar; aunque agregaba otros capítulos escritos, ex profeso para la tira, por su autor. Alcanzó los 170 números.

Su espeluznante criatura dio lugar, incluso, a la obra de teatro “¡Qué noche de terror!”, de 1958; y a una serie televisiva difundida por un canal de Santiago de Chile, entre 1972 y 1973. Una muestra más de su ingenio creativo fue la edición del longplay “Cumbias que son la muerte”, por la banda “Dr Mortis y sus Zombies Cumbiancheros”; en cuya composición y ejecución intervino el propio artífice, su señora Eva Martinic, que también era guionista; y Luis Barragán, un músico amigo.

En su faz de escritor, además de hacer el libreto para la historieta basada en el tétrico doctor, Marino Cabello redactó los guiones de las revistas “Jungla”, cuya heroína era la sacerdotisa Mawa, “La legión Blanca” y “El jinete fantasma”. Estas tiras alcanzaron una gran popularidad. Asimismo, publicó en 1973, tres volúmenes de cuentos titulados “Las Memorias del Doctor Mortis”. Por otro lado, demostrando la diversidad de sus aptitudes, incursionó en el ensayo con su libro “Guía de la música popular de Chile (1800-1980)”.

Muy breve es el presente artículo para describir la rica vida de este artista, cuyas realizaciones superan en mucho a su célebre personaje de terror; y, por ende, quizás no llegue a constituir el cabal homenaje que quería ser. Pero tal vez sea un adecuado tributo hacia su persona, si logra despertar en el lector el recuerdo del temor que le provocaba, en sus tiempos mozos, el siniestro doctor Mortis; cuando en la radio sonaban las notas de “Una noche en el Monte Calvo” de Modest Mussorgsky y se escuchaba la frase “Que descansen en paz esta noche”, pronunciada con acento de ultratumba y seguida de una característica y macabra carcajada.

(*) Los datos para la presente nota se tomaron de los siguientes sitios:

“Las cumbias del siniestro Dr Mortis” (31/10/19 en Radio Nacional Colombia). https://www.radionacional.co. Vista: 16/05/20

“Juan Marino: el siniestro doctor Mortis” (Radio Cancionero de la Patagonia). https://cancionerodelapatagonia.cl. Vista: 16/05/20