LO QUE QUEDÓ

Por Luis Eduardo Ferrarassi (*)

Solo el viento sopla, cerrando y abriendo y cerrando y abriendo las puertas de los autos abandonados, haciendo parecer que las personas salen en sus coches para ir al trabajo o de compras. Sólo el viento sopla y mueve los árboles, haciendo entrechocar sus ramas que suenan a aplausos, pasos y el arrastrar de pies de niños caminando a la escuela. Solo el viento sopla, haciendo que sus soplidos suenen a susurros y charlas de vecinos que se encuentran en viejas despensas. Solo el viento sopla, haciendo que cadenas oxidadas se rocen y las desvencijadas hamacas se bamboleen, haciendo que antiguas plazas se llenen de una penumbrosa alegría. Solo el viento sopla, moviendo cajas y botellas y latas y bolsas de basura, haciendo que esos molestos perros abandonados vuelvan a las calles a husmear y buscar algo qué comer. Solo el viento sopla. Solo el viento es la única vida.

(*) Escritor de Río Gallegos. Este micro-relato fue tomado de su libro “La ciudad, después…” (Edición digital del autor, Río Gallegos, 2020).