LIBROS RAROS, NARRACIONES EXTRAÑAS

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

La acepción más común del término “raro” en la Literatura, se refiere al libro que, por alguna característica peculiar, se hace deseable a las apetencias del bibliófilo. Por ejemplo, ciertas primeras ediciones, ejemplares autografiados por autores famosos, volúmenes de impresión inusual. Los negocios especializados suelen poner en sus reclamos “libros raros, antiguos y agotados”, haciendo alusión a esta particularidad.

Sin embargo, en el mundo de las letras la palabra tiene también otro significado. En 1896, Rubén Darío publicó la primera edición de un ensayo titulado “Los Raros”. Reunía sus comentarios sobre una serie de escritores cuya obra él valoraba y que —en ese momento— no eran tan conocidos por el gran público. En el concepto del vate, se entiende por “raro” un autor y su producción.

Pero el crítico literario Luis Gregorich, en un artículo de 1979 (*), da al adjetivo una tercera connotación. Ubica en esta categoría, a la que tilda de personal y subjetiva, los libros que un lector incorpora a su biblioteca “porque le gustan”; sin poder precisar el motivo de tal preferencia. Se trata de ejemplares de distinta clase, de autores ignotos o reconocidos. El comentarista pone, a modo de ejemplo, la novela “La obra de arte desconocida” de Balzac. Con similar criterio, se podría clasificar así a la narración “La búsqueda del infinito” del mismo autor; que trata sobre la pesquisa de la piedra filosofal por un anacrónico alquimista del siglo XIX. En su “Canon occidental”, Harold Bloom habla de la “extrañeza” exhibida por ciertos libros, que los hace agradables aun sin entenderse bien la causa; un rasgo que él relaciona con su vigencia como “obras maestras”.

Aunque existe una definición más; que incluso origina una tipología dentro de la Literatura, casi con carácter de género. Se trata de aquellas creaciones que son “raras”, o “extrañas”, por lo insólito de su argumento; aspecto que muchas veces se refleja en su estructura. Son “raras” algunas obras de escritores renombrados, como Kafka, Machen, Villiers de L´Isle Adams. Y hay, asimismo, libros “raros” de autores “raros”, en el sentido que tomó el bardo nicaragüense: “Allá lejos” de Joris Karl Huysman, “El libro del juicio final” de Leo Perutz, “En Nadar Dos Pájaros” de Flann O´Brien.

Se trata de textos cuyas tramas son inquietantes y muestran un entrecruzamiento de ámbitos que atrae y sorprende. En general, combinan realidad y fantasía, entreverando lo natural y lo sobrenatural —este último rasgo, más implícito que explícito—, de forma que exige al lector discernir cuando está en un mundo y cuando en el otro. También hay presente una técnica de escritura que más que describir, sugiere; y, sobre todo, obliga a interpretar el contenido. El lector enfrenta, de manera continua, incógnitas sobre el sentido de lo que sucede. Además, el texto presenta una conformación distintiva que, entre otros rasgos, intercala alusiones a mitos y leyendas, signos de saberes ocultos, apelaciones a ideas misteriosas. Tal singularidad hace que en general adopten el formato de la novela, la “nouvelle” o el cuento largo. Esos tres factores – mezcla de realidad y fantasía, estilo que deja entrever más que explicar y estructura que enlaza la trama con referencias legendarias- parecerían ser los que generan el atractivo de las obras incluidas en esta categoría.

¿Hay en la Literatura Patagónica narraciones “raras”, en tal sentido? Este cronista entiende que existen varias ficciones sureñas que reúnen las características citadas. Una de ellas es “Gondwana”, del bolsonense Jorge Honik; cuento largo apto para figurar en las antologías del género. El protagonista, un viajante de comercio, ve su gira de negocios inopinadamente cruzada por los rastros de una Patagonia fabulosa; y pierde la noción de lo real y lo irreal.

Otro autor de El Bolsón tiene un relato donde un grupo de científicos se enfrenta con una leyenda, en el cual fantasía y realidad se confunden; y queda en el lector elegir cual prevalece. Se trata de “El kollon”, de Jorge Rubén Sánchez. Por su parte, la nouvelle “Tons”, de Carlos Nuss de Comodoro Rivadavia, toma personajes cotidianos, un operario del petróleo y un psicólogo, inmersos en una situación fantástica que desdibuja los límites entre las dos dimensiones.

En los tres casos mencionados, las obras transcurren en un ambiente patagónico; con elementos relacionados con temas de la mitología sureña: el plesiosauro habitante de los lagos andinos, el kollon, las divinidades kenk. Sin embargo, hay obras de igual índole pertenecientes a otros autores de la zona, verbigracia, “Visiones desde la Torre” del trelewense Carlos Ferrari, cuyo escenario es más inusual.

Al ver, con ejemplos de la calidad de los anteriores, la riqueza de la Literatura austral; surge una duda. ¿No resultaría conveniente tomar el concepto de “los raros” de Rubén Darío y escribir una obra donde se reseñe a los virtuosos, pero poco difundidos, escritores patagónicos? A lo mejor no sería mala idea. Tal vez podría ser una especie de profecía que se auto-cumpliese. Porque más allá que la pluma del poeta los realzó, los nombres reunidos en su trabajo ganaron por sí solos su propia fama: Lautréamont, Martí, Verlaine, Ibsen…

¡Quién sabe! Quizás una obra así contribuiría a que los “raros” escritores patagónicos tuvieran todo el reconocimiento que merecen.

(*) Artículo “Los raros”. Revista “Libros elegidos” (Ed Atlántida), Nro 33, marzo de 1979. Pag 59.