MICRO-LITERATURA

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

En su último libro, “Gorriones de la noche”, el poeta riogalleguense Jorge Curinao ensaya el poema breve; asumiendo el riesgo de sintetizar su visión poética en el micro-verso de una sola oración o, a lo sumo,  en menos casos, de dos o tres. Por ejemplo: El mar es imitación del sueño que regresa. Resume así, en esa expresión minimalista, el fruto de su inspiración libre de ornamentos; secuencia lógica de la obra del vate que en sus anteriores creaciones trabajó sobre el poema en prosa, muchas veces en una versión corta. De esa manera fue podando, desbastando sus textos, hasta llegar a la forma más reducida y concentrada.

Tal brevedad en la prosa poética también se advierte en el libro “Música desconocida para viajes”, del escritor Christian Aliaga de Comodoro Rivadavia. En esa obra, los sitios de una diversa geografía, la mayoría de ellos enclavados en la Patagonia, dan pie a textos cortos llenos de poesía.

Pero también la narrativa adopta una faceta de concisión en la región, por parte de autores que persiguen desarrollar un argumento completo en la menor cantidad de palabras posible. Paulo Neo incursiona en el micro-cuento y el micro-relato con “Microficciones ilustradas”, cuyas imágenes son de Andrés Casciani; y “Amor sonámbulo y otros breves”. Ambos libros revelan la habitual tendencia del santacruceño a la brevedad; exhibida en muchos textos suyos.

Otro cultor del minimalismo literario es Pablo Lautaro, autor del Neuquén. En sus libros “Retratos” y “Alumbrando nostalgias”, muestra numerosos ejemplo de su intención por expresar con la menor cantidad de vocablos la idea que quiere volcar en el papel. Del último de esas obras es el relato corto “Alma”:

Se levantó medio aturdido, algo le punzaba en la sien, no lograba quitar de su cabeza la imagen visceral de Violeta sollozando perdón. Era él mismo quien yacía tendido en medio de un charco de sangre… No pudo hacer nada, el alma se había despedido de su cuerpo.

En general, muchos autores regionales prueban en alguna oportunidad el subgénero, sin hacerlo su dominio exclusivo. Por ejemplo, en su último libro, “La ciudad, después…”, Luis Ferrarassi incluye catorce micro-cuentos de tono fantástico; como “La vida alrededor”:

Los campos no están ahí, acá ni allá. Ya no galopo. No siento el aire soplando mis crines ni el viento intentando ganarme una carrera. Solo veo los mismos árboles y los mismos bancos y los mismos cielos. Solo son distintos los niños que me dan vida en una vuelta más.

Otra manifestación literaria breve es el aforismo, sentencia, refrán, palmaria o sentencias similares de formatos diversos, con su modalidad específica. A veces también la cita; aunque ésta, a diferencia de los anteriores que encierran su contenido en sí mismos, puede haber sido tomada dentro del contexto de un escrito más largo que completa su significado – de allí error frecuente que ocurre al descontextualizar una cita y usarla, incluso, en un sentido distinto al que el autor quiso darle. En la Patagonia, un literato que practicó el aforismo es Pablo Marrazzo, con sus “Palabras para mis hijos”. De esa obra es esta máxima titulada “Críticas”: No se debe criticar a los demás, pues sólo uno y a veces, conoce el verdadero peso de la cruz que lleva en sus hombros.

La poesía breve tiene una larga tradición a lo largo de la historia y la geografía mundial. Los dísticos griegos, los pareados españoles, los “haiku” japoneses – cultivados no solo por los autores nipones – y otras variantes similares, reflejan esta búsqueda de la mínima expresión y máxima concentración poética; que fue practicada por muchos y reconocidos escritores. También la narración breve fue objeto de la actividad creadora en todo tiempo y lugar; y qué no decir del apotegma en sus diversas variedades, cuyas primeras muestras vienen de la antigüedad clásica.

Por ello, parecería arriesgado afirmar que la brevedad literaria es una característica de la época actual. Mas no es desacertado decirlo. Ser sucinto es propio de estos días; y la Literatura breve, pese a sus remotos antecedentes, se lleva bien con los tiempos que corren. Señal del reinado de la cortedad, son los medios de difusión basados en la red. Aun cuando permiten publicar trabajos largos, potencian el texto minúsculo, la frase ingeniosa, la idea expresada en pocos vocablos.

Resulta así que analizar la micro – Literatura requiere considerar otro tono de la época: la noción de “efímero”. Gilles Lipovetsky, en su obra “El imperio de lo efímero”, relaciona este concepto con la moda; el gusto cambiante y pasajero por algo – y su pronto olvido –, tan común hoy en día. Cuando un escritor como los que se citaron en esta nota acorta sus textos para generar en el lector un efecto intenso, persigue lo breve, pero no lo efímero.